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En Japón tampoco hacen la tarea

En un santiamén, pasaron 7 meses desde la última entrada de este blog. Increíble como pasa el tiempo, o increíble lo flojo que puedo llegar a ser. No, mejor dicho ocupado o abandonado por la inspiración bloguera. Elija usted, total, da lo mismo.

Pero bueno, entrando en materia, nos referíamos el otro día a los típicos restaurantes de “suchi” chilenos que bautizan sus locales con nombres dudosos, sospechosos, o lisa y llanamente, chistosos. Pues, como en todas partes se cuecen habas, pasa que en Japón la cosa no es tan distinta. Para muestra, un botón de un restaurant en Obihiro, en Hokkaido.

¿Y por qué no hicieron la tarea?

  1. No queda muy claro si se trata de comida española, catalana o italiana, pues se llama “Catalogna”, o sea, Cataluña en italiano. Ahora lo de “Sisters bar” en inglés, no termina de aclararlo y más bien, lo hace todo más sospechoso. No se qué tipo de hermanas será. DSCF4345
  2.  Este texto de antología nos demuestra que el significado es lo de menos. Nótese que “la fusión de las muchachas obstruye”. No logro pensar en ningún contexto en que eso podría tener sentido. Ni siquiera pensando en japonés que habrán querido decir. Si alguien tiene una idea, bienvenida sea en los comentarios. La tipografía está bonita eso sí. Y ese es en realidad todo el sentido. Apelar a la estética o el “caché”.  Total, no será más de un puñado de hispanohablantes los que anden por Obihiro. DSCF4346
  3.  El broche de oro con “la capucha esta llena a, también”. DSCF4347Por un lado, el traductor que llevo dentro se revuelca con tanto disparate. Pero por lo otro, pienso que da lo mismo. Si la comida es buena y su público objetivo no es el hablante del idioma en cuestión, como que no importa mucho. Pero igual…no sé. Sirve para reírse un poco a ambos lados del océano. Ahora, si alguien pasa por Obihiro, que entre y nos cuente que tal. Nosotros no entramos, pues andábamos comiendo un rico butadon.

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Murakamis

Hace unos meses terminé de leer los dos primeros tomos del 1Q84 del famosísimo Haruki Murakami y hace rato que pensaba escribir alguna cosilla. Por algún motivo, más que “1Q84” (ichi kyu hachi yon), me da por pensar que se llama “ichi maru kyu” (109). Quienes hayan pasado una temporada en Tokio deberían encontrarlo gracioso…

La verdad, es que en mi muy humilde opinión, y con todo el cariño que le tengo a este candidato al Nobel, debo decir que se me cayó del podio.  De hecho, la lectura me llevó como dos meses o más pues me daba un sueño casi instantáneo. Una vez que llegué al final, comprobé no sin cierta sorpresa de que no tenía el menor interés de ir por el tercer tomo. Está claro que no soy experto en literatura, pero me da la impresión que sigue la misma fórmula de muchas de sus otras obras, en las que narraciones originalmente desconectadas confluyen en algún punto y en la que hay alguna especie de búsqueda extraña o sobrenatural. Además, me pareció que se alarga innecesariamente en historias accesorias que no aportan mucho, sólo lo necesario para rellenar la cantidad de tomos.

Pero bueno, ¿qué puedo decir de la traducción? Nada, porque lo leí en su versión original. De todas formas, he leído por ahí que está sumamente bien lograda. Mientras lo leía, iba haciendo nota mental de posibles dificultades de traducción, de las que recuerdo dos:

Japanese writer Haruki Murakami

Japanese writer Haruki Murakami (Photo credit: Wikipedia)

1. El tema del plural y singular en español versus la falta de número gramatical en japonés, cuando la protagonista  Aomame ve dos lunas en el cielo, donde me imagino que el traductor debe haber hecho alguna jugada maestra para que no suene raro en castellano.

2. Lo otro, que no sé si se intentó (o logró) transmitir en castellano, es el efecto de la niña disléxica que habla todo en hiragana, sin kanjis (o en castizo culto, “sinogramas”,), para reflejar su falta de escolaridad. No sé qué habrá hecho el traductor y sería interesante comparar.

¿Y el otro Murakami?

Ryu Murakami(村上龍), Japanese novelist and filmm...

Ryu Murakami(村上龍), Japanese novelist and filmmaker. (Photo credit: Wikipedia)

Pues, Ryu Murakami del que me encontré una traducción de “Piercing” en una librería del centro de Santiago  (“Prosa y Política”, cerca de la Moneda, donde tienen gran cantidad de literatura nipona traducida) . A diferencia de Haruki, Ryu es mucho menos mediático, por lo tanto más hipster, pero sumamente violento y oscuro (en Japón es bien famoso, solo que en el mundo hispano es menos conocido). “Piercing” es una novelita corta, de lectura rápida pero no por eso menos valiosa. Es un descarnado retrato de los bajos instintos y traumas que puede haber en una sociedad como la japonesa o como cualquiera, lo que le da un mayor toque de universalidad que la más bien rarífica historia del superventas de Haruki.

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Gulliver y Japón

¿Que no era Lilliput? ¿Qué tiene que ver Japón?

Sí y algo. Pasa que aunque el más famosos de los viajes de Gulliver sea el de Lilliput, el viajero del tamaño relativo anduvo también por las tierras de Cipango. Desafortunadamente es poco más de una página lo que ocupa el país en toda la historia. En su viaje de regreso desde una isla de nombre raro (Luggnagg) y ciertos habitantes inmortales, pasa por Japón camino a su Inglaterra natal. Para no tener problemas, como en ese entonces Japón estaba cerrado al mundo y solo mantenía contacto con Occidente a través de Dejima, se hace pasar por holandés. En ese entonces, las autoridades japonesas imponían el fumi-e, que consiste en pisar una imagen religiosa para demostrar que no se era cristiano. Trampling over the crucifix, dice Gulliver, quien se hace el leso arguyendo que sólo andaba ahí por casualidad y que tenía una recomendación del rey de Luggnagg. Y eso sería todo. Igual decepcionante, puesto que había visto en el índice que se mencionaba Japón y venía leyendo haciéndome ilusiones. Pero claro, en ese entonces, era bien poco lo que sabía Europa de Japón, y aunque Swift era bien creativo, parece que no quiso incurrir en chamullos.

Pero hay otra cosilla que conecta los viajes de Gulliver con Japón:  Laputa. No, no es lo que piensan. Es el nombre de una isla flotante que visita el viajero en una de sus aventuras.  Resulta que esa es la inspiración para una película de animación del famosísimo Hayao Miyazaki (es tan famoso que incluso yo lo conozco).  Como suele suceder con los éxitos del anime, no la he visto ni por casualidad, así que hasta aquí no más llega la referencia. Me sonaba el nombre, pero ahora que me salió en Gulliver, recién vine a conectar ambos mundos. Habrá que verla entonces un día de estos.

Česky: Laputa z Gulliverových cest, ilustrace

Laputa (Photo credit: Wikipedia)

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“El origen del sabor”

Ojo, hoy día me voy por las ramas. Hace un par de semanas me encontré con esto mirando unas revistas viejas que compraba mi abuelo:

Propaganda Ajinomoto, 1956, revista Life

Propaganda Ajinomoto, 1956, revista Life

Un anuncio de “Aji no moto“, el más famoso nombre comercial del “glutamato monsódico”. Casi seguro todos uds. lo conocen, y los que no, lo han comido de alguna otra forma sin saberlo como aderezo de comidas preparadas.

Traducible literalmente como “el origen del sabor”, lo menciono aquí simplemente porque me llamó la atención que ya en los años cincuenta llegara este producto y se le promoviera a partir de su origen japonés. Nótese la manera en que se da la dirección para entregar más información: Ajinomoto Co. Inc, Chuo-ku, Tokio, Japón.  Por un lado, es curioso que a diferencia de las direcciones actuales no tenga ni código postal, ni número de manzana ni loteo (chome, banchi y esas cosas). Me imagino que con una dirección así de imprecisa, hoy en día  la carta tardaría su poco en llegar a destino.

Por el otro lado, y aquí sí que hablamos de traducción, es que la dirección está en español. Correcto, podríamos pensar, si el aviso también lo está. Pero yo diría que no. Por lo general, si el objetivo del encargo de traducción pretende un intercambio postal, no sería necesario traducir la dirección. Bastaría con la transcricpción en letras latinas la dirección en japonés o poner la versión en inglés. Ambas opciones asegurarían un envío exitoso. Cualquier otra cosa, lo dudo. Ahora,  tampoco creo que en ese entonces los sres de Ajinomot estuvieran preparados para recibir correspondencia en español. Pero bueno, ese es otro problema.

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Taketombo books, Satori ediciones y Quaterni

Recuerdo que cuando empecé a estudiar japonés a mediados de los años 90, tanto para mí como para mi entorno era todo un mundo desconocido, ultra exótico y distante.  En aquel entonces Internet estaba en pañales y conseguir información sobre la lengua y la cultura podía resultar una odisea. La información de los libros solía estar un tanto desactualizada, plagada de estereotipos o ser un refrito de enciclopedia.  Además, la gran mayoría de las pocas traducciones de literatura nipona presentes en las librerías, eran traducciones indirectas del inglés o francés. Casi veinte años después, (¡oh cómo pasa el tiempo!), poco a poco las cosas han ido cambiando. Más traductores, más estudiantes y más estudiosos abordan los temas japoneses. Por otro lado, el mundo japonés ha comenzado a resultar poco a poco más atractivo para las editoriales, incluso dando paso a la aparición de algunas dedicadas exclusivamente al país del sushi (ya les dije que en los 90 había mucho estereotipo).

Un ejemplo de estas editoriales es Taketombo books, un emprendimiento reciente de María, mi sempai en la Universidad de Tokio hace ya unos añotes. Aparte del nombre, (“libélula de bambú”, que corresponde a esa hélice de juguete que hacíamos volar frotando las manos), una de las gracias de Taketombo es que más que publicar obras japonesas, se centra en la transculturalidad entre España y Japón, a través de autores de ambos países. Un ejemplo de ello es su primer libro editado, Tadaima (típica expresión que se dice al llegar a casa “ya llegué” o “ya vine”, como creo que dicen en México), en el que se reúnen las experiencias transculturales entre España y Japón de 6 autores  jóvenes. De lectura rápida y amena, y precio más que asequible (3.95 EUR, 2 lucas y media en pesos chilenos), me pareció bastante interesante y recomendable para todo interesado en la cultura de nuestros “vecinos” al otro lado del Pacífico. Ahora, leído como uno más que tuvo experiencias similares a las relatadas, uno puede percatarse además de las diferencias de percepción dentro del mundo hispano, o sea, cosas japonesas que chocan a los españoles pero a los latinoamericanos no tanto, por ejemplo. Pero bueno, mejor que lo lean y cada uno saque sus propias conclusiones.

Otras casas editoras del mundillo japo que recientemente he descubierto pero no he tenido aún la oportunidad de explorar mucho son Satori Ediciones, con un tinte más clásico y académico; y Quaterni, aparentemente más dedicada al género chanbara o de capa y espada, o sea, ninjas y samuráis.

Así que muy bien por todos estas empresas que aportan con su granito para el puente cultural entre Niponia y el mundo hispano. A ver cuándo vemos algo parecido en este hemisferio.

 

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Cruza, que está en azul

Una de las primeras curiosidades culturales que nos sorprenden al estudiar japonés es que al verde del semáforo le digan azul. Si se trata de japoneses en el extranjero,  podrán comprobar que aunque para ustedes el semáforo está en verde, los japoneses indefectiblemente se referirán a la misma luz como ao 青, lo que se supone que es azul. Ahora, si viajan a Japón, verán que el verde de los semáforos es sospechosamente intermedio entre verde y azul.  Entonces, ¿cómo es la cosa?

Japó 2010 - 0017

Japó 2010 – 0017 (Photo credit: redoxkun)

Pasa que la división de colores del japonés no es igual a la que tenemos en español.  Un ejemplo claro de esto se aprecia en palabras como:

青葉  /aoba/  =  hojas verdes

青虫 /aoumushi/ = oruga

青菜 /aona/ = verduras verdes, como las espinacas

No quiere decir que los japoneses confundan los colores o que los perciban de otra forma. Sólo que la manera en que nuestros idiomas segmentan el espectro de colores es simplemente distinto (hay muchos idiomas con mucho menos colores, pero esa es otra historia). Ahora el que piense que las orugas nunca han sido azules o que las espinacas azules quizás sean de otro planeta, no tiene más que pensar en el “vino blanco”, que de blanco no tiene mucho; las “uvas blancas”, que desde pequeño que las veo verdes, o que algunos tipos de ciruela son rojos cuando “están verdes” .

Lo que pasa entonces es cada cultura segmenta la realidad de acuerdo a sus propias ideas, características y experiencias particulares, aunque dentro de ciertos límites: hay informes de diversas culturas no relacionadas que agrupan colores como el azul y el verde dentro de una misma denominación,  puesto que ambos están uno al lado del otro en el espectro. Eso quiere decir que tales comunidades no sienten la necesidad de diferenciar entre lo que para ella son solo tonos de lo mismo. Ahora, si bien el japonés distingue entre ambos colores, el punto en que se hace la división no es el mismo que el que hacemos nosotros. Ese es el origen de la confusión.

Entonces, volviendo al semáforo:  aunque aquellos instalados originalmente durante la primera mitad del siglo XX eran importados y tenían el mismo verde que todos conocemos, la luz que indica “Siga” comenzó a ser llamada ao, quizás por ser la palabra más común y tradicional, quedando  verde “緑” /midori/ relegado para otros contextos.  Sin embargo, con el tiempo a la gente le pareció raro nombrar ao un color que claramente era midori. Entonces, por decreto, en 1973 “modificaron la realidad” y en lugar de cambiar la palabra, reemplazaron la luz con una que fuera ao, pero que entrara dentro del rango de verde de las especificaciones internacionales.  Así, todos contentos.

 

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El rangaku 蘭学

A pito de nada, hoy les contaré un poco sobre el rangaku, o el estudio de los asuntos holandeses llevado a cabo por los japoneses durante el período Edo. En esa época,  Japón decidió automarginarse del mundo y mantener un limitado contacto con el exterior. Aparte de chinos y coreanos que tenían más o menos chipe libre para entrar, sólo los holandeses eran los únicos que tenían autorización para comerciar con Japón, puesto que su interés radicaba únicamente en el negocio y no tenían otras intenciones (léase evangelización), como españoles y portugueses, que fueran consideradas sospechosas por parte del Shogún.  Aún así, este permiso era bien restrictivo, ya que los marinos holandeses estaban confinados a una pequeña  isla artificial frente al puerto de Nagasaki. No tenían permiso para entrar en territorio nipón.

Dejima

Maqueta de Dejima, la isla artificial en que se confinó a los holandeses (foto: yomismito)

Entonces el rangaku consiste en el estudio de la lengua y cultura holandesa por parte de algunos japoneses para la práctica comercial, así como para conocer el mundo por medio del prisma holandés. O sea, que gran parte del conocimiento que los japoneses tuvieron de occidente fue a través de obras en holandés.  Se desarrollo así el oficio funcionario hereditario de intérprete y traductor oficial holandés-japonés. Al pensar en cómo habrá sido traducir por ejemplo las obras científicas, como las de anatomía, para un oficial sin una formación especializada, carente de una idea clara de la cultura de la que traducía, y desde un idioma del que solo tendría un uso muy restringido y oficial, no puedo más que sacarme el sombrero ante tal hazaña. Nadie les decía que les vendría bien un viaje por Holanda para dominar mejor el idioma, solo recibían una orden oficial de traducir lo que resultara relevante: libros náuticos, científicos y alguna que otra información sobre occidente.

Y ahora el dato freak. Muchas palabras usadas hoy en día en japonés son préstamos del holandés de ese entonces:

インキ inki (tinta) de inkt

アルコール arukooru (alcohol) de alcohol

ピント pinto (foco, por ejemplo en fotografía) ,  de punt

ランドセル randoseru, mochila,  de ransel

Entre muchas otras. Aunque a primera vista en algunos casos podríamos pensar que provienen del inglés, aquí les hacemos un poco de justicia y recordamos su origen paísbajense. Más ejemplos, aquí.

 

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