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La novela de Genji (Genji monogatari)

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir a una conferencia sobre la vigencia de la Novela de Genji, dictada por Anna Kazumi-Stahl y organizada por la Embajada de Japón en Chile. Como ya sabrán, no me declaro fan de la literatura clásica nipona. Sin embargo, debo reconocer que estuvo muy interesante e incluso despertó en mí ganas de leer la otra traducción de este mamotreto equivalente al Quijote en castellano. ¿ Equivalente en qué sentido? En importancia, en audacia, en relevancia, en vigencia y otras cualidades. Las historias no se parece en nada, pues el Genji tiene unos 500 años más de antigüedad  y una visión de mundo diametralmente opuesta.  El ingenioso hidalgo era una sátira de las novelas de caballería, publicado en versión impresa. El Genji tenía como público objetivo una joven princesa a la que había que educar en las cosas del mundo, y publicado sólo posteriormente. Originalmente, eran rollos manuscritos.

Una de las cosas que me llamó la atención de la conferencia tiene que ver con la traducción, claro: “No hay traducción de las versiones actualizadas, pues se actualiza a la hora de traducir” (o algo así, cito de memoria).  Pasa que como el Genji está escrito en japonés clásico y este resulta muy complejo de leer incluso para un japonés actual, existen al menos cuatro versiones de 現訳 /genyaku/, o traducciones intralinguales al japonés contemporáneo.  Entonces, las traducciones al inglés o francés, por ejemplo, se basan en la versión original, pero se leen como prosa actual en esa lengua, es decir, no están traducidas a una variante antigua del idioma. Las versiones en español son traducciones indirectas, por lo que sería aún más complejo (y sin sentido).

Ilustration of the Genji Monogatari, ch.5–Waka...

Pero claro, siempre me ha llamado la atención la alta variabilidad del japonés en el tiempo. El Genji me resulta incomprensible, así como cualquier texto de incluso principios del siglo XX también me parece muy difícil, a diferencia de la literatura contemporánea, que puedo leer sin problemas. El español del Quijote, si bien tiene sus dificultades, no es nada comparable a la del japonés.

Pero bueno, para el que le interese: existen dos versiones de la novela de Genji, ambas traducciones indirectas:

Una, de Xavier Roca Ferrer:  (Ojo, que son dos tomos)

La otra, de Jordi Fibla, que según la conferencista, es la más recomendable.

Yo leí la versión de Roca Ferrer y recuerdo que la encontré bastante interesante, aunque el segundo tomo tiene muchísimos gazapos que evidencian algo de prisa: “horrorible”, por ejemplo. Sin embargo, tiene bastantes notas explicativas que en este caso resultan necesarias. (Aún cuando quienes me conocen saben que no soy muy partidario de ellas).

Ya, nada más por hoy que nos anduvimos explayando mucho.

 

 

 

 

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Dificultades de la traducción diacrónica

A fines de 2009 tuve el honor de tener en Tokio a una clase de traducción con Jaime Fernández, un jesuita simpático, y erudito como nadie en la traducción del japonés, autor de la traducción de Silencio, original de Shusaku Endo (en su librería más cercana).

Aunque no recuerdo con motivo de qué, en dicha clase abordamos un problema en la traducción al japonés del famoso Quijote de la Mancha, más de alguna vez mencionado en estas páginas.  Así que lo presento ahora como ejemplo de las dificultades que tiene la traducción diacrónica, es decir, la traducción de textos creados con muchos años de diferencia entre el momento en que se publican y el que se traducen. Veamos el caso el ejemplo en cuestión.

“Yo, señores, siento que me voy muriendo a toda priesa; déjense burlas aparte, y traíganme un confesor que me confiese y un escribano que haga mi testamento, que en tales trances como éste no se ha de burlar el hombre con el alma; y así, suplico que, en tanto que el señor cura me confiesa, vayan por el escribano.”

Es probable que como hispanohablantes nativos la sección en negrita nos suene arcaica y resulte un tanto compleja, pero dado el contexto general, convendremos en que se entiende que el hombre no ha de gastar bromas con respecto a su salvación. Al menos ese es el sentido que se consigna como nota al pie en la edición académica de este clasicazo del bueno de Miguelito.  Ahora, si miramos dos traducciones al japonés publicadas en la segunda mitad del siglo XX, podemos apreciar que ambas malinterpretan el pasaje, aunque no de la misma forma:

「こういういまわきのきわに、心ある人はけっして冗談など奔するものではありませんわい」  *1

“En trances como este, las personas con alma no gastan bromas en lo absoluto

「このような今はの際に、魂のある人間をからかうものではない

“En momentos como este no hay que burlarse de las personas con espíritu

Ambos traductores fueron incapaces de identificar el objeto de las bromas y el significado del alma en este contexto.  Si esto sucede en la traducción del español al japonés, cuando el español se caracteriza por su relativa invariabilidad en el tiempo, solo hay que pensar en la cantidad de errores posibles en las traducciones del japonés antiguo, ya que basta con retroceder unos cuantos años para encontrarse textos japoneses de muy difícil lectura para un traductor actual. Esa es, pienso yo, una de las causas por la que la lectura de traducciones de clásicos nipones puede resultar tan compleja…y soporífera.

*1 原本を手に入ってないので正しくコピーしているか疑問です。

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Traducir de “lenguas fáciles”

Como el cuento de la nueva casa virtual ya parece el de Pedrito y el lobo (¿o era Juanito?, no voy a referirme a él en esta ocasión.

Mejor, me dedicaré a cumplir lo que dije hace ya varias entradas atrás, cuando vimos que don Quijote opinaba que “traducir de lenguas fáciles ni arguye ingenio ni elocución”.  Por lo que se ve cuando uno dice que se dedica a la traducción, está claro que no es sólo él quien opina de esta forma y que aún hoy es una idea más o menos extendida.

Pero veamos, ¿cuáles son las lenguas fáciles? En términos lingüísticos, no creo que se pueda hablar de lenguas objetivamente fáciles o difíciles, sino más bien de lenguas que para hablantes de una lengua determinada puede resultar más fáciles o difíciles según los rasgos fonéticos, gramaticales o léxicos   que compartan. Entonces, el caballero de la triste figura se refiere aquí a las lenguas hermanas del español, como el italiano o el portugués, y considera al latín y al griego como lenguas difíciles.

Y bueno, hasta cierto punto podría decirse que es más fácil traducir del italiano o del portugués que del inglés o del japonés.  Pero la cosa no es tan fácil, ya que la cercanía entre lenguas impone a su vez una dificultad mayor:  saber evitar las interferencias, ya sean léxicas o gramaticales, que en el caso de lenguas más lejanas, como el japonés, pueden resultar más evidentes y por lo tanto, más fáciles de evitar. O sea, claro, es más fácil para cualquier hijo de vecino hispanohablante dilucidar el significado un texto  en portugués que en japonés, sin lugar a dudas.  Pero traducir, así con todas sus letras, para transmitir el mismo significado, mantener el estilo y no agregar información adicional…otra cosa es con guitarra.

Eso por un lado. Por el otro, está el tipo de texto, la función comunicativa y el objetivo de la traducción. Valentín García Yebra comenta un caso del portugués, que a simple vista parece sencillo:

Rua torta

lua morta

tua porta

(Poema serenata sintética, de Ricardo Cassiano).

Un intento de traducción  sería  ” calle torcida, luna muerta, tu puerta” .

Se pierde la rima y se rompe la métrica. Ni hablar de la evocación romántica en una noche oscura.  No estoy tan seguro que la luna muerta suene bonito  o transmita lo mismo que el original.

Podría intentar mantener la rima y la métrica:

“calle torcida, luna morida, tuya puerta” … Pero eso no es castellano…y ahora que lo reviso, tampoco coincide toda la métrica.

A ver, Quijote, ¿quién te dijo que era fácil, ah?

 

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Quijote

Gustave Doré: Don Quijote de La Mancha and San...

Imagen de Wikipedia

Tras intercambiar algunas equivalencias entre el toscano y el español, el caballero de la triste figura y un traductor de italiano  continúan con la siguiente conversación :

—Sí declaro, por cierto —dijo el autor—, porque esas son sus propias correspondencias.
—Osaré yo jurar —dijo don Quijote—, que no es vuesa merced conocido en el mundo, enemigo siempre de premiar los floridos ingenios ni los loables trabajos. ¡Qué de habilidades hay perdidas por ahí, qué de ingenios arrinconados, qué de virtudes menospreciadas! Pero, con todo esto, me parece que el traducir de una lengua en otra, como no sea de las reinas de las lenguas griega y latina, es como quien mira los tapices flamencos por el revés; que, aunque se veen las figuras, son llenas de hilos que las escurecen, y no se veen con la lisura y tez de la haz; y el traducir de lenguas fáciles ni arguye ingenio ni elocución, como no le arguye el que traslada ni el que copia un papel de otro papel.
Y no por esto quiero inferir que no sea loable este ejercicio del traducir, porque en otras cosas peores se podría ocupar el hombre y que menos provecho le trujesen.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Cervantes, (Fragmento)

En ella podemos apreciar varias cosillas interesantes, como:

  1. El anonimato del traductor.
  2. La idea de que en la traducción se pierden elementos del original
  3. El prejuicio de que la traducción entre lenguas “fáciles” tiene menos mérito que de las más difíciles.

Más adelante iremos tocando estos temas, hoy lo dejamos hasta aquí, para que les den ganas de volver.

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