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Ojo con la traducción automática y su prima diabólica: su posedición

Supongo que la mayoría de mis colegas traductores reconocerán que en los últimos años la traducción automática ha avanzado a pasos agigantados. Mientras estudiábamos la carrera, veíamos confiados como los textos generados por los productos disponibles en aquel entonces estaban a años luz de tener utilidad alguna y servían para reírse un buen rato. La imposibilidad de la máquina para distinguir contextos y usos las hacía traducir cosas como el «ministro Pajas» para el primer ministro Jack Straw (si no lo recuerdan, se me cayó el carnet). En esa época el software de traducción incorporaba reglas gramaticales y equivalencias léxicas, pero dejaba afuera lo más importante: el contexto.

Luego apareció Google Translate, que añadió a la tecnología existente el uso de grandes cantidades de textos paralelos, incorporando la estadística y algo de contexto al proceso. Con ello, la cantidad de desaciertos bajó drásticamente y nos hizo mirar con un poco más de suspicacia. Aun así, Google seguía sonando forzado y poco natural, con errores gramaticales graves en algunas ocasiones. Estos errores me permitían a veces descubrir a los alumnos querían hacer pasar por propia alguna tarea que habían encargado a San Google.

Pero la tecnología ha avanzado aun más rápido y cada vez son más los proveedores de soluciones traductológicas de muy alta calidad. Uno de ellos es DeepL, herramienta que más de alguna vez me ha sorprendido por su precisión. Aunque desconozco el detalle de su funcionamiento, se nota que combina los dos principios mencionados y que se alimenta de traducciones humanas, puesto que alguna vez he encontrado errores que una máquina no cometería. El advenimiento de estas tecnologías plantea a los traductores un nuevo desafío. Dado que el mercado siempre buscará bajar costos y acortar los plazos de entrega, poco a poco irán creciendo las ofertas de trabajo relacionadas con la posedición de traducción automática en desmedro de la traducción tradicional. Nos guste o no (y supongo que a la mayoría no nos gusta), tendremos seguramente que ir flexibilizando nuestra oferta. De todas formas, seguirá existiendo la necesidad de traductores humanos, porque somos los únicos capaces de captar el contexto y la pragmática para traducir con precisión, consistencia y coherencia, ¡al menos de momento!

Les muestro un ejemplo real que me topé hace poco. Las traducciones ofrecidas por DeepL se ven muy bien a primera vista, pero hay que poner ojo. En este ejemplo, aparte de la discordancia en el tratamiento de usted y tú, hay un gravísimo error de sentido: se trata de un manual en que se enseña el uso de la palabra japonesa 暑い, no de la ambientación de un relato de corte erótico (¡sexy!). Es decir, lo pasable era «se ve acalorada» y lo mejor y más natural «parece que tiene calor».

Me parece que aún nos quedan algunos años de circo. Veamos.

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