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Redes

Hoy les contaré acerca de uno de mis diccionarios favoritos:

DICCIONARIO REDES: DICCIONARIO COMBINATORIO DEL ESPAÑOL CONTEMPORÁNEO

Tiene casi 2000 páginas pero ninguna definición ni equivalencia idiomática, lo cual es precisamente su gracia. Es que se trata un diccionario que se ocupa de consignar las combinaciones más frecuentes entre las palabras. No es un repertorio de modismos ni colocaciones, sino que de aquellas palabras que suelen acompañar a otras en el discurso. Por ejemplo, ¿qué podemos hacer con las esperanzas? abrigarlas, alimentarlas, concitarlas, entre muchas otras posibilidades, claro. O bien, ¿qué cosas podemos hacer «de lleno»? por ejemplo, dedicarnos, entregarnos, involucrarnos o impactar, entre otras opciones.  Naturalmente, esto no son más que ejemplos resumidos ya que cada entrada del diccionario presenta abundante información sobre frecuencias de uso y posibilidad de combinaciones, extraídas de un corpus de prensa tanto peninsular como americana.  Presenta, eso sí, sólo aquellas palabras que pueden de algún modo restringir a las que las acompañan, y tampoco es el lugar indicado para conocer qué significa un vocablo desconocido.

En mi opinión este volumen constituye una herramienta invaluable para el traductor, puesto que en muchas ocasiones bajamos la guardia y terminamos calcando estructuras o simplificando la expresión porque en el momento no encontramos la palabra precisa. En otras, nos pasamos un buen rato mirando el horizonte en busca del término resbaladizo que tenemos en la punta de los dedos pero no logramos tipear.

Así que si pueden conseguirlo (cosa un poco difícil en Chile, yo traje el mío desde España), háganlo.

Y por último, los dejo con una foto de la entrada para «sentido», ya que aunque cada vez es más frecuente oír «hacer sentido», podemos apreciar que ni siquiera figura como posibilidad combinatoria. (Ya, la entrada está trunca, pero lo que importa es la sección de verbos que aparece luego del rombo).

Diccionario Redes

Vaya mi aplauso para don Ignacio Bosque, su creador. clap, clap, clap.

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El rangaku 蘭学

A pito de nada, hoy les contaré un poco sobre el rangaku, o el estudio de los asuntos holandeses llevado a cabo por los japoneses durante el período Edo. En esa época,  Japón decidió automarginarse del mundo y mantener un limitado contacto con el exterior. Aparte de chinos y coreanos que tenían más o menos chipe libre para entrar, sólo los holandeses eran los únicos que tenían autorización para comerciar con Japón, puesto que su interés radicaba únicamente en el negocio y no tenían otras intenciones (léase evangelización), como españoles y portugueses, que fueran consideradas sospechosas por parte del Shogún.  Aún así, este permiso era bien restrictivo, ya que los marinos holandeses estaban confinados a una pequeña  isla artificial frente al puerto de Nagasaki. No tenían permiso para entrar en territorio nipón.

Dejima

Maqueta de Dejima, la isla artificial en que se confinó a los holandeses (foto: yomismito)

Entonces el rangaku consiste en el estudio de la lengua y cultura holandesa por parte de algunos japoneses para la práctica comercial, así como para conocer el mundo por medio del prisma holandés. O sea, que gran parte del conocimiento que los japoneses tuvieron de occidente fue a través de obras en holandés.  Se desarrollo así el oficio funcionario hereditario de intérprete y traductor oficial holandés-japonés. Al pensar en cómo habrá sido traducir por ejemplo las obras científicas, como las de anatomía, para un oficial sin una formación especializada, carente de una idea clara de la cultura de la que traducía, y desde un idioma del que solo tendría un uso muy restringido y oficial, no puedo más que sacarme el sombrero ante tal hazaña. Nadie les decía que les vendría bien un viaje por Holanda para dominar mejor el idioma, solo recibían una orden oficial de traducir lo que resultara relevante: libros náuticos, científicos y alguna que otra información sobre occidente.

Y ahora el dato freak. Muchas palabras usadas hoy en día en japonés son préstamos del holandés de ese entonces:

インキ inki (tinta) de inkt

アルコール arukooru (alcohol) de alcohol

ピント pinto (foco, por ejemplo en fotografía) ,  de punt

ランドセル randoseru, mochila,  de ransel

Entre muchas otras. Aunque a primera vista en algunos casos podríamos pensar que provienen del inglés, aquí les hacemos un poco de justicia y recordamos su origen paísbajense. Más ejemplos, aquí.

 

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El japonés y las marcas de género

Otra de las complejidades del japonés radica en que no sería incorrecto afirmar que hombres y mujeres hablan distinto. Si bien quizás podría decirse lo mismo del castellano, en japonés hay pronombres, partículas finales y formas gramaticales específicas de cada género, lo que lo diferencian bastante de lo que estamos acostumbrados. Por ejemplo, en castellano chileno podemos identificar la expresión “regio”, en “me fue regio en la entrevista”, como más probable de ser dicha por una mujer. No obligatoriamente, pero sí con una mayor probabilidad. (Ahora si se usa en su sentido de “de la realeza”, como el “trono regio” ahí no tiene ninguna marca, claro).

Del mismo modo, pero con mucho mayor profusión, hay en japonés expresiones que suelen estar identificadas con uno u otro género:  おれ /ore/ es un pronombre de primera persona informal y masculino. Si bien no está prohíbido que una mujer lo use, y por  lo mismo no podemos asegurar que nunca sucede, en la práctica es muy improbable que lo use una mujer.  Asimismo, la partícula final わ /wa/ suele asociarse al discurso femenino, para expresar una aseveración de forma más bien familiar.

Gracias a estas marcas de género, cualquier enunciado en japonés adquiere matices que podríamos considerar complejos de transmitir en una traducción. Por ejemplo, 俺にはわからない ore niha wakaranai. Significa “(yo) no sé” o “(Yo) no tengo cómo saber”, con el matiz adicional de que se trata de un hombre quien lo dice. En castellano no podríamos transmitir ese matiz solo con en esa oración, y sólo podríamos hacerlo mediante una compensación de esa información en otra sección del discurso.  Y ese es el quid traductológico: ¿tengo siempre que reflejar todos los matices del original?  En mi opinión,  la obsesión por transmitirlo todo puede llevarnos a darnos por vencidos en lugar de preocuparnos de trasladar el mensaje y los matices esenciales que sí podemos verter a nuestra lengua. Si no podemos, quiere decir que no nos son relevantes. O sea, en este caso, lo que nos incumbe es que  quien habla «no sabe», ahora su género lo dilucidaremos más adelante, ya sea por el contexto u otro mecanismo. De lo contrario, estaremos listos para caer en la trampa de la supuesta «intraducibilidad», de la que muchas veces se echa mano incluso con fines chovinistas.

Lo mismo ocurre al revés, por ejemplo con el número que tanto nos importa en español, mientras que en japonés resulta artificioso expresarlo siempre. Pero de eso hablaremos otro día.

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Autopropaganda

La entrada de hoy será autoreferente,  autoexplicativa y con fines de lucro. Les cuento que una humilde investigación de textología contrastiva que realicé durante mi última estadía en Japón, acaba de ser publicada en forma de libro por la Editorial Académica Española.  Reconozco que igual da gusto que te contacten para publicarte sin mover un dedo al respecto. Así que le digo al mundo editorial que los espero con los brazos abiertos para alguna traducción literaria del japonés. Pero no se demoren mucho, porque me saltaré al intermediario si lo hacen.

Bueno, volviendo al tema, el libro en cuestión es este:

 

Clic para agrandar

Lo único malo es que está escrito “en serio” así que no es tan entretenido como este blog, pero de todas maneras pretende ser útil para traductores, gestores de proyectos de traducción del japonés y simpatizantes en general.

Se puede comprar en Amazon, Morebooks o alguna otra tienda online cercana a su teclado (ISBN 978-3-659-02199-2).

 

 

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¿Cómo se dice mi nombre en japonés?

Actualización:  Por favor NO manden mensajes preguntando por su nombre. Solo demuestran no leer o no entender el contenido de esta publicación.

 

Esa es una pregunta que me hacen con frecuencia cuando se enteran de que hablo japonés.  La respuesta es siempre la misma: igual.  Si te llamas José, pues se dice José, y si te llamas Natalia, pues se dice Natalia. Como la respuesta no es muy interesante, algunos preguntan entonces como se escribe. Eso suele resultar más interesante y a cualquiera le hace ilusión tener su nombre escrito con otras letras exóticas.  Pero volvamos a lo primero: alguien podría argumentar que lo que digo no es cierto, que Natalia se diría Nataria porque en japonés no existe la letra “l” y que si te llamas Héctor, en japonés te llamarás ekutoru, porque no se pueden pronunciar las consonantes de manera aislada.   Sí, es cierto, pero no tanto. Lo que pasa es que no se trata de que el nombre “se diga” de otra forma, como si tuviera un equivalente o traducción en el otro idioma, si no que se simplemente se adapta a la fonética del otro idioma. Veámoslo al revés: Si conoces a un japonés que se llama Toshio, le dirás Tochío o Tosío, dependiendo de tu dialecto de español. Si se llama Kazu, donde la z es un sonido inexistente en castellano, le dirás Kasu, con “s”, o Kazu, pero pronunciado la “z” como la pronuncian en España.  Es decir, los nombres “se dicen” igual, es decir, no se traducen, pero “se pronuncian” dentro de las posibilidades que tiene cada lengua.

Pienso que el hecho de que en las lenguas indoeuropeas haya versiones vernáculas para los nombres, es lo que podría hacer a alguien pensar que existe una versión de su nombre en japonés. Juan, John, Iván, Johann, Joan, Giovanni o Joao son en el fondo lo mismo, la versión particular de cada idioma de la versión bíblica del nombre, que no tengo idea cuál será. Es el trasfondo cultural en común el que crea esa equivalencia de nombres. Como con Japón no tenemos la misma raigambre judeocristiana, no sucede lo mismo. A veces, eso sí,  hay coincidencias, como el apellido Niimura 新村, que significa “aldea nueva”…o lo que viene a ser lo mismo “Villanueva”. Pero es sólo coincidencia. La señorita Villanueva no pasaría a ser Niimura si fuera a Japón…a menos que se casara con el Sr. Nimura, pero esa sería otra historia.

A Llama lying down, also called "kushing&...

¿Cómo te llamas? (Photo credit: Wikipedia)

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Mudanza

Finalmente estamos en condiciones de invitarlos a nuestra nueva casa:

http://www.jlperello.com/en/blog/

Actualicen sus direcciones o suscripciones, porfi.

Nos vemos allá.

JL

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Pausa

Estamos en proceso de cambio de casa virtual, así que esta semana no habrá publicación aparte de este aviso. No se ponga muy ansioso, que

ya estaremos el aire nuevamente. No se pierda, pero tenga un poco de paciencia…

(y qué, si además en febrero deberíamos estar de vacaciones, así que no reclame)

 

 

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Mao Tse-tung, Mao Zedong y Moutakutou eran la misma persona

English: Mao's official portrait at Tiananmen ...

Image via Wikipedia

Desde chico que me he sentido atraído por la escritura ideográfica. Primero con los jeroglíficos egipcios (como en la piedra de Rosetta) y luego con los kanjis japoneses y chinos.   Aunque tienen un innegable valor estético y son un claro ejemplo de economía lingüística, habría que ser muy porfiado para no reconocer que muchas  veces  los kanjis nos producen grandes dolores de cabeza. Por ejemplo, tenemos el tema de los nombres propios. En todo el ámbito cultural oriental de escritura basada en la escritura china, los nombres propios se escriben de una misma forma pero se pronuncian diferente según el idioma.  (Para los detallistas: en realidad se escriben distinto según las variantes que hayan sufrido los ideogramas en la comunidad en cuestión, pero, en principio, siempre con las variantes de kanjis equivalentes.)

Por ejemplo, tenemos el caso del líder chino  Mao Zedong, que si bien antes se transcribía como Mao Tse – Tung, hace algunos años pasó a ser Zedong.  Como hispanohablantes podríamos pensar que es bastante diferente uno de otro, pero no hay más que escuchar la pronunciación en chino, para darse cuenta que en realidad no es exactamente ni una ni otra, y que sólo es un tema de convención a la hora de realizar la trasliteración.

Pero el mismo personaje, en japonés, es otra cosa.  Como se escribe igual pero se pronuncia en japonés , el líder comunista se transforma en ¡Moutakutou!.  Créanme que la primera vez que lo escuché me tomó harto tiempo entender de quién se trataba. Y lo mismo sucede con todos los presidentes de uno y otro lado: los chinos dicen y el resto del mundo dicen que su presidente es Hu Jintao o algo parecido, mientras que los japoneses lo llaman Ko Kinto.

Afortunadamente para los traductores, esto no es gran tema, ya que da lo mismo como se pronuncie, total lo que importa es su equivalente en el otro idioma, pero no me quisiera imaginar a un traductor de japonés en una conferencia dónde se hable por ejemplo de la política china…

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Estadísticas de 2011

Y como no hay principio de año que valga sin una valoración del anterior, comparto con ustedes las estadísticas del blog para el año recién pasado. Aunque son bastante modestas, reconozco que me sorprendió tener lectores en lugares donde no conozco a nadie.
Ahora pasando al pelambre, el español usado en el informe está bastante malo, por lo que se nota que la gente de WordPress lo tradujo con las patas, con prisas, o más probablemente, haciendo crowdsourcing para ahorrar plata. Diría que es obvio por el cambio de registro entre una oración y otra, pero por lo visto, también hay aspirantes a traductores que hacen lo mismo…ya dejemos el pelambre y veamos el resumen:

(Lo que viene no lo escribí yo, “costen”, como diría el Chavo)

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 1.600 veces en 2011. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 27 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

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Homofonía

Una de las carcaterísticas del japonés es la abundancia de homófonos, es decir, las palabras que suenan igual pero tienen distinto significado. Generalmente, esto sucede con los sustantivos  de origen chino, que por lo general se componen de dos ideogramas y se pronuncian en tres o cuatro sílabas.  Por ejemplo,  si pronunciamos kooen, puede ser que digamos:

講演 : discurso

公園: parque

公演: función (de teatro, por ejemplo)

紅炎: protuberancia solar

y varias cosas más que no vale la pena seguir enumerando, porque me imagino que ya captan la idea.

Entonces, se preguntarán cómo diablos se puede saber entonces de qué se habla. De la misma forma en que lo hacemos cuando esto sucede en castellano, es decir, mediante el contexto semántico, sintáctico y fonético.  ¿Perdón?

Suena difícil pero no lo es: semántico, porque al entender el contexto de lo que se habla, las opciones que no son se descartan solas. Sintáctico, porque en ocasiones algunas de las palabras candidatas no serían correctas gramaticalmente. Por ejemplo, en castellano tenemos el homófono hasta y asta (olvidémonos de la h, que como es muda, no cuenta en el habla oral). Como una es preposición y la otra sustantivo, no podrían confundirse nunca, ya que no podrían usar el lugar de la otra en una oración.  Y por último, fonético, en el sentido que la entonación que se le dará a koen puede ser distinta en algunos casos. Desafortunadamente, esto de la entonación del japonés es bastante difícil de captar para los hispanohablantes, eso sin contar que según la zona, dentro del mismo japonés puede ser distinta. Pero como lo normal es oír todo en su contexto, en realidad no es tan difícil.

Ahora bien, a los japoneses a veces les gusta complicarse. Por ejemplo, tenemos 受精 y 授精. Ambas se pronuncian  jusei (じゅせい)  pero la primera significa fecundación y la segunda inseminación.  Igual puede ser que en castellano tampoco tengamos clara la diferencia entre ambas, pero si lo pensamos un poco, la primera es un hecho, la “impregnación”, y la segunda un fenómeno, la “fertilización”. Lo difícil en japonés es que como el contexto semántico y  sintáctico es igual, (y probablemente el fonético también), es muy probable que resulte bastante difícil diferenciar los conceptos .

¡Ay, déjalo hasta  ahí  por hoy!, que me dijeron, que no hay quién te aguante…

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