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Letreros curiosos

Cuando caminamos por nuestra ciudad no prestamos mucha atención a los letreros, pero si estamos en otro país, tendemos a encontrarnos con cosas que nos llaman la atención. Aunque en realidad yo me la paso criticando y corrigiendo mentalmente los letreros que me encuentro donde sea (deformación profesional), mientras viví en Japón me encontré con algunos letreros dignos de comentar. En realidad fueron decenas, pero eran otros tiempos y el celular no tenía cámara y si la tenía, era de menor resolución que un indeciso (chiste profundo). Así que solo pude sacar algunas pocas fotos cuando andaba premunido de mi cámara.

El primero es este que veía siempre en la estación de Ikenoue, camino a la universidad. Probablemente el único letrero “en español” que vi en Japón (aparte de los que prohíben artistas callejeros y similares, que no cuentan).  Digo “en español” entre comillas porque está más que claro que aquí el idioma no es más que ornamental. A menos que sea algún dialecto como zamboangueño… pero es poco probable.

Taller de segundo, mano de curativa.

Aparentemente se trata de una clínica que ofrece quiropraxia para deportistas y regulación del sistema nervioso autónomo, sea lo que sea que eso signifique.

decorativa tampoco, ¿no?

Decorativa tampoco, ¿no?

Ahora, si alguien se extraña y se pregunta “¿pero cómo, cómo no averiguan bien antes de hacer el letrero?”, que se dé una vuelta por los restaurantes de sushi de su barrio y verá desaciertos parecidos. Cerca de mi casa había uno que se llamaba “Aishiteru” (te amo, en japonés), pero el letrero decía 我愛你 que significa lo mismo… pero en chino. O sea, como para pensar que el sushi es de lo más auténtico. Ahora se me ocurre que esto de los nombres de restaurantes de sushi da para otra entrada en este pobre blog, así que quedamos hasta aquí.

El siguiente era un anuncio de empleo en un restaurante del estiloso barrio de Shimokitazawa. Aquí lo curioso es el contenido, de una honestidad brutal, que traducido y adaptado un poco es algo así:

“Oye, joven, trabaja. No importa que no tengas ganas ni entusiasmo. Tampoco necesitas experiencia ni nada. Por una hora de trabajo, de 900 yenes hacia arriba. Podrás hartarte de comida. Implica cansancio moderado”.

No necesita entusiasmo para trabajar

No necesita entusiasmo para trabajar

El último es este triste llamado de atención a sacar la basura como corresponde. Un descriteriado dejó unas frazadas (o un colchón, no me acuerdo bien) junto con la basura. Aunque desafortunadamente por aquí se ven colchones y sillones tirados junto con la basura, en Japón está claramente establecido que esos son artículos voluminosos que requieren un trámite para tirarlos a la basura: por una módica suma, la municipalidad va a buscarlos a tu casa en una fecha convenida.

Ahora el letrero es triste porque aunque es claro que el infractor es un desalmado (kokoro no nai hito, como dice el letrero) a quién no le preocupa cumplir con las normas de convivencia, cuesta pensar que vaya a ser lo que le indican: “haga el trámite para su retiro”.

Una persona "sin corazón" sacó mal la basura

Una persona “sin corazón” sacó mal la basura

Ahora, qué pasó después, no me acuerdo.

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Más cuentitos

Nuevamente aprovecho esta tribuna para la publicidad. El próximo 23 de febrero saldrá la la venta un nuevo volumen con cuentos donde participa este humilde traductor, además de Isami Romero y Juan José Yañez. Por cosas de tiempo, en esta ocasión solo pude encargarme de dos: Magia, de Ryunosuke Akutagawa, y El robot y el peso de la cama, de Sanjugo Naoki. El primero me sorprendió gratamente, ya que es bien ingenioso y entretenido. El segundo, la verdad, fue un dolor de cabeza porque el autor transgrede constantemente las normas de la prosa y resulta difícil de entender. Igual, no deja de ser interesante.

Lo publicito antes de leerlo, para no enturbiar mi apreciación con los cambios de última hora.

Se puede adquirir en la editorial http://www.quaterni.es/producto/un-gran-descubrimiento-doce-cuentos-japoneses/ o después en Amazon.es, Book depository y las librerías de la península.

Mis agradecimientos como siempre a José Pino, por sus acertados comentarios, y a Kimiyo Nishimura e Isami Romero por su valiosísima ayuda con el cuento de Naoki.

Aprovecho también de dejarles una reseña del libro anterior, Las nuevas aventuras de Hanshichi.


1. Diario de un hombre en bicicleta de Soseki Nastsume (Juan Antonio Yáñez)
2. El gran descubrimiento de Ogai Mori (Juan Antonio Yáñez)
3. La historia de una geisha anciana de Kanoko Okamoto (Isami Romero)
4. Magia de Ryunosuke Akutagawa (Juan Luis Perelló)
5. El robot y el peso de la cama de Sanjugo Naoki (Juan Luis Perelló)
6. Una carta de protesta de Kan Kikuchi (Isami Romero)
7. La luna sobre la montaña de Atsushi Nakajima (Isami Romero)
8. El hombre toro de Atsushi Nakajima (Juan Antonio Yáñez)
9. Sushi de Kanoko Okamoto (Isami Romero)
10. Jirokichi: el ratón rapaz de Ryunosuke Akutagawa (Isami Romero)
11. ¡Corre! Melos de Osamu Dazai (Isami Romero)
12. El fin de Uemon Miura de Kan Kikuchi (Juan Antonio Yáñez)

 

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Parece japonés, pero no es

mica

Hace unos días llegó a mis manos esta curiosidad. Se trata del envoltorio de un protector de pantalla para teléfono celular que, a primera vista, no tiene nada de especial. Instrucciones en inglés y japonés. Listo. Aunque si lo miramos con atención, hay algo extraño, aparte del inglés descuidado y de dudosa calidad. Eso no sería novedad alguna. Lo curioso es que el japonés de estas instrucciones tampoco es de lo más católico que digamos, si es que se me permite la comparación.  Por una parte, aparecen kanjis raríficos, que como naturalmente son la contraparte china de las letras niponas igual se entienden con algo de esfuerzo.  Eso sí, a medida que vamos leyendo, la cosa se complica.  Primero, parece que algo de dislexia también hay: ち en vez de さ, o sea, kudachii en lugar de kudasai. ¿Y qué diablos será いよら ? La última instrucción es toda una sorpresa con ese intento de “保存” y nada más ni nada menos que un ゐ (wi), que es un hiragana obsoleto, en lugar de る.

Tanto error me hace suponer que el japonés aquí solo cumple una función estética o peor aún, es un intento de los fabricantes chinos por hacer pasar su producto como japonés. Me imagino que sobre todo en Asia, donde es más probable que el público reconozca la escritura japonesa aunque no la entienda, podría resultar una buena estrategia para aprovecharse  del prestigio de los bienes made in Japan. Una especie de localización mal entendida, por así decirlo.

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Japón y los moáis

La entrada de hoy está motivada por mi reciente viaje a Rapa nui, que me gustó tanto que me quedé con ganas de decir algo al respecto. Y claro, nunca falta la conexión nipona, así que aquí vamos:

 

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Este moái (original) viajó a Japón para una exhibición.
Foto:yomismito

Siempre me ha parecido interesante la atracción que aparentemente sienten los japoneses por los famosos moáis de isla de Pascua: desde la venta de dispensadores de pañuelos desechables con cara de moái, hasta la restauración de Tongariki. Rapa nui forma parte del conocimiento colectivo japonés.

 

Imagen

Imagen Ahu Tongariki, restaurado gracias al apoyo de grúas donadas y hechas a la medida por una empresa japonesa.
Foto:yomismito

Detalle placa en Tongariki

Detalle de la placa en Tongariki

Además, está la emotiva historia del moái donado recientemente a Minami-sanriku, que había perdido el que tenía a causa del último tsunami, pues fue arrastrado y descabezado por fuerza del mar.

Asimismo, existen varios lugares en Japón donde se pueden ver réplicas conmemorativas  (fin de página). No creo que haya nada parecido en otro lugar, fuera de los museos que se han llevado ejemplares de la isla.

Pero eso no es todo…existe una isla llamada Niijima, ubicada en el archipiélago de Izu, a unos 168 km al sur de Tokio, donde se han inspirado en los moáis para crear los “moyáis”, que son esculturas repartidas por toda la isla, sugerentes de los moáis algunas o completamente distintas otras. Más que una copia, yo diría que es un homenaje inspirado…con fines lúdicos y turísticos, claro.   Uno de estos “moyaís” se encuentra en Tokio, en la zona de Shibuya. Seguro que más de alguno lo ha visto y no sabía su origen.

Moyai statue (モヤイ像) #1366

Moyai statue (モヤイ像) #1366 (Photo credit: Nemo’s great uncle)

 

 

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Japonesismos actuales

Uno de los procesos evolutivos de las lenguas es la incorporación de extranjerismos para designar ideas de las que carecen. Ciertos idiomas son más abiertos que otros, pero prácticamente todos viven el proceso. Si bien en ocasiones las incorporaciones no dejan de presentar resistencia por alguna parte de la población (y los traductores muchas veces las usamos pero a la hora de traducir con ellas nos tiembla la mano), hay muchos casos en que indudablemente son un gran aporte y parte del intercambio cultural. En el caso de los extranjerismos, o japonesismos, en castellano hemos adoptado los clásicos karate (空手) , kimono (着物) , geisha (芸者), biombo (屏風, apuesto a que esa los sorprende…pasó por el portugués primero eso sí) , entre otros, además de sushi (寿司) y manga (漫画), recientemente incorporados por la RAE con algo de polémica.

No obstante, hay otros casos que  poco a poco comienzan a hacer aparición en nuestra lengua. Es el caso de mojibake y emoji, que me encuentro nada menos que en un libro de la Fundéu (Escribir en Internet), por lo que podemos suponer que no han sido usados por desidia ni esnobismo (ahí tenemos otro, pero como no es de japonés, no digo nada). Por otro lado, es muy nuestro, o sea típico de los hispanohablantes, preguntarnos si una palabra está o no aceptada por la RAE o si “existe o no”. Otras comunidades tienen mayor libertad lingüística y no le temen a un fantasma institucional que dirima lo que se puede o no decir. Pero esa es harina de otro costal.

Entonces, los japonesismos en cuestión son:

  • Mojibake (文字化け) corresponde a los mamarrachos que vemos cuando queremos ver una página web que nuestro navegador o sistema operativo no está configurado para mostrar, o sea, cuando hay problemas de codificación. Se puede dar en diversos “sabores”, como solo rectángulos o signos de interrogación en lugar de determinadas letras, o ser una ensalada de caracteres indescifrables.

    mojibake as art

    mojibake as art (Photo credit: TR4NSLATOR)

  • Emoji  (絵文字)  son los pictogramas disponibles para los mensajes de telefonía móvil: caritas sonrientes, corazones, besitos, pollitos o caca con ojos también. Ahora bien, mi primera impresión es que si ya tenemos “pictograma” no sería necesario adoptar “emoji“, aunque puede haber alguna connotación técnica que se me escape en este instante.

    emoji: 

    emoji:  (Photo credit: luxuryluke)

Aparte de esos, hace poco me tocó interpretar en una conferencia donde varios panelistas chilenos usaban términos japoneses como si nada:

kaizen (改善) ; genba (現場) y  muda (無駄), que pueden traducirse como “mejora continua”, “el lugar donde ocurren las cosas” y “desperdicio” respectivamente.

Como kaizen corresponde a toda una filosofía empresarial, creo que resulta práctico usar el japonesismo, ya que le aporta una reputación de exotismo y eficiencia al mismo tiempo. Sin embargo, muda no parece aportar mucho: si lo veo en castellano, no dejo de imaginarme una señora que no habla. Y si lo vemos en frases como “eliminar las mudas“, podemos tener hasta imaginaciones criminales. Ahora el caso de genba, creo que no es tan relevante el concepto y que puede traducirse como “en terreno, in situ” u otras fórmulas según el caso. No obstante, parece ser que el contexto de “producción esbelta”, sí se usa tal cual. A mí me da la impresión que a veces usando los extranjerismos se da una pátina de exotismo y se sobrereverencia la lengua original.

Los traductores tendremos  que ver con el tiempo por cuáles alternativas se decantan los usuarios, aunque la experiencia diga que seguramente opten por los japonesismos. Habrá que ver.

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OCR (reconomiento óptico de caracteres) para Kanji

Y así de golpe y porrazo ya pasó un mes desde la última vez que escribí. Falta de tiempo y de inspiración me han mantenido alejado. A pedido del público (mentira) reaparezco para comentar algo que quedó pendiente por ahí en un comentario de Javier F: el OCR. Me imagino que la gran mayoría de los traductores  detestamos los PDF como formato para traducir, pero los usamos bastante como formato para mandar CV, cotizaciones y demás documentos que requieren una menor “editabilidad”. 

En realidad, cuando el PDF está hecho “como la gente” a partir de un documento digital, los problemas de conversión no son tantos. Sí, el formato se puede perder o desordenar, pero al menos tienes el texto. Sin embargo, como suele suceder con la mayoría (en mi caso, al ojo, un 90%) de las traducciones desde el japonés, el documento original es un lindo PDF escaneado, muchas veces rayas y texto manuscrito (“no traducir esto” y cosas así).

Luego de maldecir un poco, la única solución es la aplicación de OCR rogando que resulte. Si la resolución es alta y los caracteres son fácilmente legibles, los resultados pueden ser más que asombrosos. En cambio, si la resolución es baja y los caracteres aparecen “reventados”, los resultados pueden ser horrorosamente malos.  Por lo general, malos resultados arrojan una página con tanto kanji exótico que parece chino.

Ahora, ¿qué herramientas uso para esta odisea?

Un sencillo y no muy caro programita especializado en japonés: やさしくPDF OCR v.2.0  .  Lo tengo hace varios años y es mi OCR fiel. Ahora bien, hace rato que no se actualiza la página donde lo venden, así que no me queda claro si aún existe o no.

Este やさしくPDF OCR v.2.0 tiene bastantes buenos resultados, y es bastante ajustable. El gran problema  es que para el texto combinado japonés y carácteres latinos, fracasa rotundamente en estos últimos, pues se le olvida poner espacios entre medio. QUeDAalgoasI. El otro problema es el típico  de las aplicaciones para japonesas: normalmente no usan los mismos atajos de teclado que en inglés (si es que los usan) y ordenan los comandos de forma “típicamente japonesa”.

Al menos hasta hace un tiempo, programas excelentes en OCR para letras occidentales como Abby Fine Reader no tenían complemento para japonés. No sé si lo habrán adaptado ni a qué nivel, pero a juzgar por los bastante buenos resultados que he obtenido con el ReadIris que venía con la impresora HP, si es que Abby lo incorporó, debería ser bastante bueno.

La otra herramienta y la única gratuita que conozco, es la función de OCR que hay en una poco conocida aplicación que suele estar escondida en las herramientas de Microsoft Office: “Document Imaging”.  El único pero es que funciona con el idioma del sistema operativo de tu computador, así que si usas uno en japo, quizás sin saberlo, tienes un OCR para japo.  Si no, igual tienes un OCR del idioma de tu sistema, lo que igual no es malo. Ojo, la desventaja es que esa aplicación sólo abre archivos .tiff o .mdi, por lo que antes debes guardar el PDF en esos formatos (¿cómo?  se lo explico en los comentarios al que quiera).

OCR "escondido"

OCR “escondido” (clic para agrandar)

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“El origen del sabor”

Ojo, hoy día me voy por las ramas. Hace un par de semanas me encontré con esto mirando unas revistas viejas que compraba mi abuelo:

Propaganda Ajinomoto, 1956, revista Life

Propaganda Ajinomoto, 1956, revista Life

Un anuncio de “Aji no moto“, el más famoso nombre comercial del “glutamato monsódico”. Casi seguro todos uds. lo conocen, y los que no, lo han comido de alguna otra forma sin saberlo como aderezo de comidas preparadas.

Traducible literalmente como “el origen del sabor”, lo menciono aquí simplemente porque me llamó la atención que ya en los años cincuenta llegara este producto y se le promoviera a partir de su origen japonés. Nótese la manera en que se da la dirección para entregar más información: Ajinomoto Co. Inc, Chuo-ku, Tokio, Japón.  Por un lado, es curioso que a diferencia de las direcciones actuales no tenga ni código postal, ni número de manzana ni loteo (chome, banchi y esas cosas). Me imagino que con una dirección así de imprecisa, hoy en día  la carta tardaría su poco en llegar a destino.

Por el otro lado, y aquí sí que hablamos de traducción, es que la dirección está en español. Correcto, podríamos pensar, si el aviso también lo está. Pero yo diría que no. Por lo general, si el objetivo del encargo de traducción pretende un intercambio postal, no sería necesario traducir la dirección. Bastaría con la transcricpción en letras latinas la dirección en japonés o poner la versión en inglés. Ambas opciones asegurarían un envío exitoso. Cualquier otra cosa, lo dudo. Ahora,  tampoco creo que en ese entonces los sres de Ajinomot estuvieran preparados para recibir correspondencia en español. Pero bueno, ese es otro problema.

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Contar palabras (1a parte)

Ya, ¿me echaron mucho de menos?

Pasa que la semana pasada estuve muy ocupado (aparte de poco ocurrente), por lo que tuve que dejarlos sin post. Pero no desesperen que ya estoy de vuelta, creo. Esta vez con algo de utilidad pública no necesariamente para los raros del japonés.

Contar las palabras y caracteres de distintos tipos de archivo es fundamental para el traductor, puesto que serán la base de lo que va a cobrar y lo que va a tardar. Entonces, para que no nos quedemos cortos (ni largos), veamos algunas formas de contar palabras con mayor o menor precisión.  Ahora, si el cliente nos sale por teléfono con que «son solamente como 2 páginas», hay que sospechar. Casi seguro que serán muchos miles de palabras y si cotizamos «dos paginitas», estaremos fritos (por lo demás, tampoco es recomendable cotizar sin ver al menos una muestra del texto).

Entonces, ¿cómo contamos las palabras o caracteres?

1. Para documentos en Word:

Es lo más sencillo, porque basta con usar la función incorporada. Pero hay que tener ojo de todas formas:

Si la versión de Word es anterior a 2007, las notas al pie, los cuadros de texto y similares serán olímpicamente ignorados. Lo que puede ser fatal a la hora de cotizar. Afortunadamente, eso ya no pasa desde Word 2007 (¿quién dijo que era malo?). Pero hay que acordarse de marcar la casilla final para que los incluya.

conteo de palabras

Conteo de palabras en español y japonés en Word

Lo bueno es que al diferenciar entre caracteres asiáticos y occidentales, podemos hacer una cotización más exacta. Si un texto japonés, que cobraremos por caracter tiene muchas palabras en romaji, al contarlas por carácter podríamos estar estafando al cliente sin querer.  Por ejemplo, el documento de la foto tiene 30 “palabras”, combinando caracteres japoneses y palabras españolas, pero 108 caracteres en total.

Si tenemos Word 2003, no le creemos a Microsoft o necesitamos una estadística más detallada, podemos usar la herramienta “Complete Wordcount” eso sí una vez que la actualicen, porque está en proceso de renovación.  (Gratis… al menos hasta hace un tiempo).

Otra opción puede ser +Tools, un complemento gratuito para Wordfast. Tiene la ventaja de que permite un conteo en varios archivos a la vez y genera un informe con la estadística total e individual de los archivos:

Ejemplo de conteo con +Tools

Ejemplo de conteo con +Tools

La desventaja es que no diferencia entre los tipos de caracteres japoneses y occidentales, pero bueno, eso nos importa solo a unos pocos. Y si estamos en serio, podemos usar la función de estadísticas de MemoQ, que sí la hace, y aparte, nos muestra la cantidad de segmentos, porcentaje de coincidencias con nuestras memorias, etc. todo lo cual nos servirá a la hora de ponderar la carga de trabajo necesaria.

Estadísticas en MemoQ

Estadísticas en MemoQ

Ahora bien, si usamos todos los métodos antes mencionados en un mismo documento, veremos que suele haber disparidad en los resultados, con MemoQ siendo por lo general el más generoso en los conteos (los ejemplos de las fotos son aleatorios, no es tanta la diferencia, no se me asusten). Eso se debe a que los criterios para considerar qué es una palabra difieren según la herramienta. Para algunas, John’s puede ser sólo 1 palabra y para otros, dos. Por lo tanto, lo importante es ponerse de acuerdo con el cliente en el conteo.

Otro día vemos qué hacer para otros formatos.

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Cruza, que está en azul

Una de las primeras curiosidades culturales que nos sorprenden al estudiar japonés es que al verde del semáforo le digan azul. Si se trata de japoneses en el extranjero,  podrán comprobar que aunque para ustedes el semáforo está en verde, los japoneses indefectiblemente se referirán a la misma luz como ao 青, lo que se supone que es azul. Ahora, si viajan a Japón, verán que el verde de los semáforos es sospechosamente intermedio entre verde y azul.  Entonces, ¿cómo es la cosa?

Japó 2010 - 0017

Japó 2010 – 0017 (Photo credit: redoxkun)

Pasa que la división de colores del japonés no es igual a la que tenemos en español.  Un ejemplo claro de esto se aprecia en palabras como:

青葉  /aoba/  =  hojas verdes

青虫 /aoumushi/ = oruga

青菜 /aona/ = verduras verdes, como las espinacas

No quiere decir que los japoneses confundan los colores o que los perciban de otra forma. Sólo que la manera en que nuestros idiomas segmentan el espectro de colores es simplemente distinto (hay muchos idiomas con mucho menos colores, pero esa es otra historia). Ahora el que piense que las orugas nunca han sido azules o que las espinacas azules quizás sean de otro planeta, no tiene más que pensar en el “vino blanco”, que de blanco no tiene mucho; las “uvas blancas”, que desde pequeño que las veo verdes, o que algunos tipos de ciruela son rojos cuando “están verdes” .

Lo que pasa entonces es cada cultura segmenta la realidad de acuerdo a sus propias ideas, características y experiencias particulares, aunque dentro de ciertos límites: hay informes de diversas culturas no relacionadas que agrupan colores como el azul y el verde dentro de una misma denominación,  puesto que ambos están uno al lado del otro en el espectro. Eso quiere decir que tales comunidades no sienten la necesidad de diferenciar entre lo que para ella son solo tonos de lo mismo. Ahora, si bien el japonés distingue entre ambos colores, el punto en que se hace la división no es el mismo que el que hacemos nosotros. Ese es el origen de la confusión.

Entonces, volviendo al semáforo:  aunque aquellos instalados originalmente durante la primera mitad del siglo XX eran importados y tenían el mismo verde que todos conocemos, la luz que indica “Siga” comenzó a ser llamada ao, quizás por ser la palabra más común y tradicional, quedando  verde “緑” /midori/ relegado para otros contextos.  Sin embargo, con el tiempo a la gente le pareció raro nombrar ao un color que claramente era midori. Entonces, por decreto, en 1973 “modificaron la realidad” y en lugar de cambiar la palabra, reemplazaron la luz con una que fuera ao, pero que entrara dentro del rango de verde de las especificaciones internacionales.  Así, todos contentos.

 

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Traducción de tallarines

Dándome una vuelta el otro día por uno de los blogs que sigo, me encontré con una entrada que me hizo pensar en la publicación de hoy. Se trata de una comparación de diferentes traducciones del párrafo con que abre la misteriosa “Crónica del Pájaro que da vuelta al mundo”, del famosísimo Haruki Murakami, de quién ya hemos hablado en otra oportunidad.

Entonces, veamos.

Original:

台所でスパゲティーをゆでているときに、電話がかかってきた。僕はFM放送にあわせてロッシーこの『泥棒かささぎ』の序曲を口笛で吹いていた。スパゲティーをゆでるにはまずうってつけの音楽だった。電話のベルが聞こえたとき、無視しようかとも思った。スパゲティーはゆであがる寸前だったし、クラウディオ・アバドは今まさにロンドン交響楽団をその音楽的ピークに持ちあげようとしていたのだ。

Versión inglesa de Alfred Birnbaum

I’m in the kitchen cooking spaghetti when the woman calls. Another moment until the spaghetti is done; there I am, whistling the prelude to Rossini’s La Gazza Ladra along with the FM radio. Perfect spaghetti-cooking music. “I hear the telephone ring but tell myself, Ignore it. Let the spaghetti finish cooking. It’s almost done, and besides, Claudio Abbado and the London Symphony Orchestra are coming to a crescendo.

Versión inglesa de Jay Rubin

When the phone rang I was in the kitchen, boiling a potful of spaghetti and whistling along with an FM broadcast of the overture to Rossini’s The Thieving Magpie, which has to be the perfect music for cooking pasta. “I wanted to ignore the phone, not only because the spaghetti was nearly done, but because Claudio Abbado was bringing the London Symphony to its musical climax.

Versión española de Lourdes Porta y Junichi Matsuura

Cuando sonó el teléfono, estaba en la cocina con una olla de espaguetis al fuego. Iba silbando la obertura de La gazza ladra, de Rossini, al compás de la radio, una emisión en FM. Una música idónea para cocer la pasta.

Al oír el teléfono, tuve la tentación de ignorarlo. Los espaguetis ya estaban casi listos y, además, en aquel preciso instante, Claudio Abbado conducía la orquesta filarmónica de Londres hacia el clímax musical.

Al haber dos versiones en inglés, como es natural, algunos prefieren la segunda, por ser más elegante y fácil de leer, mientras que otros prefieren la primera, por ser la primera encarnación de Murakami en inglés. En español no tenemos esa disyuntiva, porque no tenemos dónde elegir. Claro que si me preguntan, no es necesario. Encuentro que la versión en español está muy bien lograda y comparada con las sajonas, es la más fiel, pues intenta reflejar el estilo del original respetando la separación entre las oraciones. Al mismo tiempo evita la monotonía que acecha en la traducción del japonés:  スパゲティー (espagueti) figura tres veces en el original, pero en español, sólo dos, y separadas por “pasta”. Es que en español no nos gusta la repetición, y con tanto espagueti en tan pocas líneas, nos daría indigestión. Tampoco agrega nada que no sea necesario (nótese el there I am, de Birbaum, que no está en el original).

Spaghettis

Spaghettis (Photo credit: HatM)

Podríamos hablar además de la diferencia de tiempo verbal en la primera versión inglesa, pero con esto de los espaguetis, ya me dio hambre. Hasta la próxima.

 

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