Retomando de a poco


Entre estudios, clases y sobredemanda laboral he dejado tirado el blog, pero me doy una vuelta rápida para dejarles este cuento que traduje hace un tiempo y que el bueno de José Pino, el cerebro detrás de A Pie de Página, me ayudó a pulir. El autor, Sakutarō Hagiwara, aclamado en círculos poéticos como el “padre del verso libre” en la poesía nipona, al parecer es más conocido por su poesía que por sus escasos cuentos.  De todas formas, esta historia felina de final típicamente japonés tiene su gracia. Pero bueno, no les digo más y los dejo con el cuento. Ah, para que no se aburran dada su extensión, lo publicaré en tres entregas, solo para lectores fieles.

El gato negro de la señora Woson

Sakutarō Hagiwara

Traducción de Juan Luis Perelló

 La señora Woson era una mujer inteligente y relativamente educada. Desde la muerte de su erudito esposo, trabajaba como bibliotecaria en la sección de investigaciones de una asociación académica. Cada mañana, salía a trabajar a las nueve y regresaba a las cuatro de la tarde. Como muchas mujeres de clase intelectual, era nerviosa, alta, delgada y de piel un tanto amarillenta. No tenía ningún problema de salud y trabajaba con diligencia y buena disposición, organizando sus labores de manera clara y razonable. En pocas palabras, era la típica mujer en ese tipo de trabajo.

Una mañana, efectuaba sus labores de siempre luego de ir a trabajar a la hora de siempre. Al estar por terminar su trabajo, se sintió totalmente exhausta. Viendo que el reloj de la oficina marcaba las cuatro con cinco minutos, ordenó los documentos sobre la mesa y comenzó a prepararse para regresar a casa. Desde que quedara viuda, arrendaba una casa de un solo ambiente en una callejuela solitaria, donde llevaba una vida realmente aburrida, sin adornos ni holguras. Llegada la hora de regresar a casa, siempre la envolvía

una insipidez inefable y se sentía melancólica. Se ponía a pensar en esa casa vacía, en la que día tras día esperaban su regreso, en la misma posición y sin cambio, su cama, el viejo escritorio fijo junto a la ventana y su aburrido tintero.

Hoy también, a la hora de volver a casa, la ataca la misma sensación de vacío de siempre. Sin embargo, en algún punto al fondo de esa sensación, un presentimiento extraño, distinto al habitual, la recorre como un escalofrío. Lo que se le vino a la mente no era la aburrida habitación de siempre, sino una más lúgubre y desagradable que ocultaba algo malo, abominable y siniestro. Era tal la sensación de opresión que no sentía deseos de regresar a su propia casa, aunque finalmente, se puso su pesado abrigo y se encaminó hacia ella como siempre.

Al detenerse frente a la entrada, intuyó con claridad que había alguien en el interior. Alguien que, por algún lado, había entrado en algún momento de su ausencia. En aquel enigma que evocaba, sentía con una certeza cada vez mayor un presentimiento desconocido y sin sombra de duda. —Efectivamente hay alguien. No cabe duda. —vaciló. Juntando valor, abrió la puerta de golpe.

Sin embargo, no había nadie. El cuarto estaba silencioso y ordenado como siempre. No había el más mínimo cambio en ninguna parte. En realidad, había sólo uno: un gato negro desconocido sentado en el centro del piso de la habitación. Tenía unas grandes pupilas que la miraban fijamente. Inmóvil como un paquete, estaba acurrucado y eternamente tranquilo.

La señora Woson no tenía ningún gato. Por supuesto, no había duda de que este gato se había metido durante su ausencia, quién sabe de dónde. Pero, ¿por dónde habrá entrado? Ella siempre tomaba la precaución de cerrar firmemente las puertas cuando salía. Obviamente, estaba con llave y los cerrojos de todas las ventanas estaban bien cerrados. Con algo de desconfianza, revisó todos los rincones de la casa. Sin embargo, no había ningún resquicio que permitiera entrar al animal. No había chimenea ni agujero de ventilación. Por más que buscara, no había lugar como para que entrara.

La señora se puso a pensar: «Alguien debe haber venido durante mi ausencia, probablemente con la intención de robar, ha espiado este cuarto, ha abierto parte de una ventana y por casualidad, el gato aprovechó para entrar. Entonces, tras hacer algo en el cuarto por un rato, esa persona cerró nuevamente la ventana tal cual estaba y se fue. Y el animal se quedó aquí encerrado desde ese entonces». En realidad, no cabía ninguna otra conjetura.

Ella no era para nada dueña de una mente enfermiza. Al contrario, era una mujer con una inteligencia desarrollada y un hábito deductivo. Sin embargo, este acontecimiento extraño le resultaba evidentemente inquietante. Solo pensar que durante su ausencia un desconocido se había colado y hecho algo en su sala de estar, la alteraba profundamente.

Sintió una sensación desagradable de opresión, como de pesadilla. No obstante, con su hábito deductivo, pensó en descubrir a como diera lugar la causa verdadera de este incidente misterioso. Si en su ausencia alguien había irrumpido por alguna ventana, tendría que haber rastros del forcejeo. Y aunque no los hubiera, tendrían que haber algunas huellas digitales, así que se puso a buscar con mucha atención. Sin embargo, las ventanas no tenían la más mínima anormalidad ni nada parecido a una huella digital. A juzgar por aquello, no había rastro alguno de que alguien hubiera entrado.

Al levantarse la mañana siguiente, se le ocurrió una idea brillante: cubrir todos los rincones de la casa con polvo de tiza de un color que pasara inadvertido. Si al igual que ayer, hoy ocurriera algo en su ausencia, tendría que quedar alguna evidencia. Ni siquiera el famoso gato podría evitar dejar huellas desde el lugar por el que entrara. Así se esclarecería todo.

Luego de poner totalmente en práctica el plan y comprobar su eficacia, se puso su abrigo usual y salió un tanto más tranquila. Pero cuando el reloj de pared de la oficina se acercó a las cuatro, nuevamente e igual que siempre, la atacó el mal presentimiento de costumbre. Sentía que inevitablemente había alguien sentado dentro de su casa. Era una sensación clara y persistente que no podía ahuyentar, como un insecto volando delante de los ojos. Lo más siniestro de todo es que nunca fallaba. En efecto, hoy también estaba el gato negro dentro de la casa. Con sus tranquilas y lúgubres pupilas, miraba en dirección a la señora Woson. Además, en contra de toda expectativa, no había siquiera una huella. El polvo de tiza esparcido en la mañana, se acumulaba como moho en el aire pesado del cuarto encerrado. Ni siquiera un granito de polvo cambió de lugar. Quedaba claro que nadie había entrado en la casa.

Tras pensar en todas las extrañas circunstancias posibles y deducir sus conjeturas, la señora Woson quedó completamente desconcertada. Que nadie había entrado y que tampoco el gato venía de afuera, era un hecho comprobado. Además, el gato aparecía misteriosamente sentado en el suelo, frente a sus ojos y sin dejar huella. Nada era tan cierto como que en ese preciso instante había ahí un gato. Mientras no fuera por arte de magia, no hay razón para que entrara un gato dentro del cuarto fuertemente cerrado y sin dejar huella alguna.

Segunda parte, próxima semana a la misma hora, en este mismo blog.

English: wild cat Português: Gato negro

(Photo credit: Wikipedia)

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3 comentarios

Archivado bajo Traducción

3 Respuestas a “Retomando de a poco

  1. aiueo

    Me alegro de verte de vuelta. ^^

    Una pregunta: ¿tanto trabajo hay para traducir de japonés a español? No sé… Por aquí, en España, aparte de algo de manga y videojuegos (que encima parece que se suelen traducir a partir de la traducción inglesa ^^U), no veo yo de dónde podría sacar tanto trabajo un traductor de japonés. Aunque puede que en Chile sea diferente.

    Esperaré la continuación del cuento. Está interesante. ^^ ¿Sabes?, yo he empezado a leer mi primera novela. ^‿^ 銀河鉄道の夜。Pero aunque es sencillita, me cuesta horrores avanzar. ^^U Aun así ya voy por la mitad. Lo cual no es mucho, ya que es más bien cortita. ^^U

    Espero la continuación. Ahora no me dejes colgado, ¿eh? (ò_ó)

    • En Chile la traducción de videojuegos o manga es completamente inexistente, pero las traducciones técnicas, científicas y comerciales tienen cierta demanda, aunque no tanta. Con todo, la gracia del traductor es que podemos trabajar para clientes internacionales. Si nos quedamos con la demanda interna, estamos fritos.
      Omedeto por tu lectura y no te sientas mal por la extensión…además, a Miyazawa yo lo encuentro bien complicado aunque se suponga que sea para niños, o quizás por eso mismo.
      Y no te preocupes, que mañana va la segunda parte.
      Saludos

  2. Pingback: El gato negro de la señora Woson | De traducción y otros demonios

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