Traductor zombie


El otro día me encontré con esta muy acertada publicación acerca de los 10 signos que nos permiten detectar a un traductor zombie que, como dicen en la madre patria, “no tiene desperdicio”.  Sin embargo, hay otro signo no abordado en la lista en cuestión y que para mi gusto es un síntoma muy frecuente pero poco analizado. Me refiero a la tendencia de muchos estudiantes de traducción, traductores noveles y otros no tanto, a creer que existen “traducciones oficiales” para todo y que su labor en la vida es encontrarlas en alguna parte, principalmente Internet.  Mi impresión es que existe un temor exacerbado a traducir algo con palabras propias, pues pensamos que si alguien tradujo lo mismo antes, pues esa será entonces la traducción “asentada, aceptada y oficial”. Si bien puede ser cierto para nombres de organismos internacionales y casos similares, no podemos limitar nuestra labor a meros zombies que recorren la red en busca de la traducción hecha por otro. Ese es a mi juicio un síntoma claro de la zombificación.  Lamentablemente, me parece que no son pocos los profesores que estimulan esta conducta, quizás a causa de su propia inseguridad.  Pero claro, no digo que no haya que consultar y que tengamos libertad de traducir todo “a nuestra pinta”, sino que debe haber un punto de equilibrio entre las dos tendencias.

Marcha Zombie Santiago 2011

Marcha Zombie Santiago 2011 (Photo credit: @belleandrafa)

 

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5 comentarios

Archivado bajo Opiniones, Traducción

5 Respuestas a “Traductor zombie

  1. Hola:

    Coincido totalmente con lo que comentas. Parece que vayan a misa las traducciones que se encuentran por wordreference, proz, linguee y tantos otros textos paralelos por internet y que seamos como borreguitos que no nos atrevemos a desviarnos del camino.

    Me da la sensación de que no le sacamos todo el partido a nuestra lengua por miedo a hacer una adaptación demasiado libre. ¿Quizá temamos que no se entienda y que el cliente se queje? No sé, pero está claro que muchas veces hay que traicionar el texto, y bastante, para que tenga la misma función o fuerza comunicativa que el original.

    Saludos,

    Scheherezade

    • Exactamente, Scheherezade. Miedo a la creatividad y a usar las posibilidades de nuestro idioma. Eso que mencionas de la posible queja del cliente puede ser una razón de peso eso sí, sobre todo con esos del tipo “yo sé que en inglés no dice eso”. Afortunadamente con el japonés no me pasa tanto. Saludos!

  2. Karla

    Aunque a veces esas limitaciones las pone el mismo cliente/ empleador. He visto frustrados mis arranques de creatividad porque la empresa donde trabajo tiene su propia “traducción” para ciertos términos (algunos incluso se dejan así mismito en inglés) y pobre el que los cambie.
    Zombified 😦

    • Pero ese caso es distinto. El traductor zombie no tiene conciencia de su zombiedad. El problema ahí está en el cliente o jefe que instaura horrores, no en el traductor que valida su actuar únicamente con “traducciones aceptadas”.

  3. Pingback: En contra de la “prefecturización” de la práctica traductora. | De traducción y otros demonios

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