Archivo mensual: septiembre 2012

Redes

Hoy les contaré acerca de uno de mis diccionarios favoritos:

DICCIONARIO REDES: DICCIONARIO COMBINATORIO DEL ESPAÑOL CONTEMPORÁNEO

Tiene casi 2000 páginas pero ninguna definición ni equivalencia idiomática, lo cual es precisamente su gracia. Es que se trata un diccionario que se ocupa de consignar las combinaciones más frecuentes entre las palabras. No es un repertorio de modismos ni colocaciones, sino que de aquellas palabras que suelen acompañar a otras en el discurso. Por ejemplo, ¿qué podemos hacer con las esperanzas? abrigarlas, alimentarlas, concitarlas, entre muchas otras posibilidades, claro. O bien, ¿qué cosas podemos hacer «de lleno»? por ejemplo, dedicarnos, entregarnos, involucrarnos o impactar, entre otras opciones.  Naturalmente, esto no son más que ejemplos resumidos ya que cada entrada del diccionario presenta abundante información sobre frecuencias de uso y posibilidad de combinaciones, extraídas de un corpus de prensa tanto peninsular como americana.  Presenta, eso sí, sólo aquellas palabras que pueden de algún modo restringir a las que las acompañan, y tampoco es el lugar indicado para conocer qué significa un vocablo desconocido.

En mi opinión este volumen constituye una herramienta invaluable para el traductor, puesto que en muchas ocasiones bajamos la guardia y terminamos calcando estructuras o simplificando la expresión porque en el momento no encontramos la palabra precisa. En otras, nos pasamos un buen rato mirando el horizonte en busca del término resbaladizo que tenemos en la punta de los dedos pero no logramos tipear.

Así que si pueden conseguirlo (cosa un poco difícil en Chile, yo traje el mío desde España), háganlo.

Y por último, los dejo con una foto de la entrada para «sentido», ya que aunque cada vez es más frecuente oír «hacer sentido», podemos apreciar que ni siquiera figura como posibilidad combinatoria. (Ya, la entrada está trunca, pero lo que importa es la sección de verbos que aparece luego del rombo).

Diccionario Redes

Vaya mi aplauso para don Ignacio Bosque, su creador. clap, clap, clap.

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Desendieciochándonos

Siempre me ha llamado la atención la connotación especial que un simple número, como dieciocho, puede tener para todo un país. Basta con agregarle un artículo: “el 18”, para que todos sepamos que se trata del 18 de septiembre, el aniversario de la primera junta de gobierno. Pero lo importante no es la efeméride, sino lo que significa: varios días feriados, fondas, empanadas, chicha, choripanes y asados por doquier. Kilos de más para algunos.Choripan sandwich

Entonces, “endieciocharse” significa “adoptar comportamientos o características festivas asociadas con el dieciocho”, según el Diccionario del español de Chile. Lo que no define el diccionario es su contraparte, el “desendieciocharse”, que vendría a ser recuperarse de la resaca y el cansancio extremo luego de tanta actividad etílico-recreativa.

Y he aquí el desafío traductoril. ¿Cómo podríamos traducir ambas expresiones a otro idioma? Imagino que una larga

perífrasis explicativa sería la única solución. Ignoro si en otros países de habla hispana tendrán algo parecido…por ejemplo, ¿en México dirán lo mismo pero con diecisésis?

A ver si algún lector nos ayuda con una traducción o variante dialectal para otro país (no necesariamente con un número).

 

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La novela de Genji (Genji monogatari)

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir a una conferencia sobre la vigencia de la Novela de Genji, dictada por Anna Kazumi-Stahl y organizada por la Embajada de Japón en Chile. Como ya sabrán, no me declaro fan de la literatura clásica nipona. Sin embargo, debo reconocer que estuvo muy interesante e incluso despertó en mí ganas de leer la otra traducción de este mamotreto equivalente al Quijote en castellano. ¿ Equivalente en qué sentido? En importancia, en audacia, en relevancia, en vigencia y otras cualidades. Las historias no se parece en nada, pues el Genji tiene unos 500 años más de antigüedad  y una visión de mundo diametralmente opuesta.  El ingenioso hidalgo era una sátira de las novelas de caballería, publicado en versión impresa. El Genji tenía como público objetivo una joven princesa a la que había que educar en las cosas del mundo, y publicado sólo posteriormente. Originalmente, eran rollos manuscritos.

Una de las cosas que me llamó la atención de la conferencia tiene que ver con la traducción, claro: “No hay traducción de las versiones actualizadas, pues se actualiza a la hora de traducir” (o algo así, cito de memoria).  Pasa que como el Genji está escrito en japonés clásico y este resulta muy complejo de leer incluso para un japonés actual, existen al menos cuatro versiones de 現訳 /genyaku/, o traducciones intralinguales al japonés contemporáneo.  Entonces, las traducciones al inglés o francés, por ejemplo, se basan en la versión original, pero se leen como prosa actual en esa lengua, es decir, no están traducidas a una variante antigua del idioma. Las versiones en español son traducciones indirectas, por lo que sería aún más complejo (y sin sentido).

Ilustration of the Genji Monogatari, ch.5–Waka...

Pero claro, siempre me ha llamado la atención la alta variabilidad del japonés en el tiempo. El Genji me resulta incomprensible, así como cualquier texto de incluso principios del siglo XX también me parece muy difícil, a diferencia de la literatura contemporánea, que puedo leer sin problemas. El español del Quijote, si bien tiene sus dificultades, no es nada comparable a la del japonés.

Pero bueno, para el que le interese: existen dos versiones de la novela de Genji, ambas traducciones indirectas:

Una, de Xavier Roca Ferrer:  (Ojo, que son dos tomos)

La otra, de Jordi Fibla, que según la conferencista, es la más recomendable.

Yo leí la versión de Roca Ferrer y recuerdo que la encontré bastante interesante, aunque el segundo tomo tiene muchísimos gazapos que evidencian algo de prisa: “horrorible”, por ejemplo. Sin embargo, tiene bastantes notas explicativas que en este caso resultan necesarias. (Aún cuando quienes me conocen saben que no soy muy partidario de ellas).

Ya, nada más por hoy que nos anduvimos explayando mucho.

 

 

 

 

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El rangaku 蘭学

A pito de nada, hoy les contaré un poco sobre el rangaku, o el estudio de los asuntos holandeses llevado a cabo por los japoneses durante el período Edo. En esa época,  Japón decidió automarginarse del mundo y mantener un limitado contacto con el exterior. Aparte de chinos y coreanos que tenían más o menos chipe libre para entrar, sólo los holandeses eran los únicos que tenían autorización para comerciar con Japón, puesto que su interés radicaba únicamente en el negocio y no tenían otras intenciones (léase evangelización), como españoles y portugueses, que fueran consideradas sospechosas por parte del Shogún.  Aún así, este permiso era bien restrictivo, ya que los marinos holandeses estaban confinados a una pequeña  isla artificial frente al puerto de Nagasaki. No tenían permiso para entrar en territorio nipón.

Dejima

Maqueta de Dejima, la isla artificial en que se confinó a los holandeses (foto: yomismito)

Entonces el rangaku consiste en el estudio de la lengua y cultura holandesa por parte de algunos japoneses para la práctica comercial, así como para conocer el mundo por medio del prisma holandés. O sea, que gran parte del conocimiento que los japoneses tuvieron de occidente fue a través de obras en holandés.  Se desarrollo así el oficio funcionario hereditario de intérprete y traductor oficial holandés-japonés. Al pensar en cómo habrá sido traducir por ejemplo las obras científicas, como las de anatomía, para un oficial sin una formación especializada, carente de una idea clara de la cultura de la que traducía, y desde un idioma del que solo tendría un uso muy restringido y oficial, no puedo más que sacarme el sombrero ante tal hazaña. Nadie les decía que les vendría bien un viaje por Holanda para dominar mejor el idioma, solo recibían una orden oficial de traducir lo que resultara relevante: libros náuticos, científicos y alguna que otra información sobre occidente.

Y ahora el dato freak. Muchas palabras usadas hoy en día en japonés son préstamos del holandés de ese entonces:

インキ inki (tinta) de inkt

アルコール arukooru (alcohol) de alcohol

ピント pinto (foco, por ejemplo en fotografía) ,  de punt

ランドセル randoseru, mochila,  de ransel

Entre muchas otras. Aunque a primera vista en algunos casos podríamos pensar que provienen del inglés, aquí les hacemos un poco de justicia y recordamos su origen paísbajense. Más ejemplos, aquí.

 

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