Archivo mensual: agosto 2011

Ninis

“Ninis”, así tal cuál, se referían en el diario hace unas semanas al sector de la población que “ni estudia, ni trabaja”. Aunque no recuerdo si la noticia se refería al aumento de dichos especímenes (aquí hay que imaginarse a un cabro egresado del colegio que se pasa todo el día jugando videojuegos, chateando, peluseando, etc.o a algún otro aspecto de su cómoda demografía), me llamo la atención eso de “ninis”, porque me recordó a los ニート ( NEET), de los que se habla en Japón, como aquellos jovenzuelos  “Not in Education, Employment or Training”.  La primera vez que lo escuhé allá, me dije que era un concepto difícil de traducir porque no existía como realidad conceptual en estas latitudes…y que una traducción del acrónimo tendría poco efecto. Ahora bien, cuando leí el diario, pensé algo así como ¡Eureka, ahí está la traducción de NEET!.  Pero ahjora, al escribir esta entrada, veo que no era para emocionarse tanto, porque según Wikipedia el término NEET es de origen inglés, y ya se usa ni-ni en España como su equivalente. Y yo que pensaba era un típico caso de English made in Japan. O sea, que mi descubrimiento no calificaba como tal. Pero bueno, qué importa. Mejor me voy a jugar con la Play….dijo uno que, a veces, ni enseña, ni traduce.

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Profesión de fantasmas

Aunque con una honrosa excepción, la invitación hecha hace algunas semanas a recordar  traductores de ficción, pasó con más pena que gloria, esta semana reincido en el tema. Podría decir que nadie opinó porque este blog no lo lee ni mi mamá, pero mejor diré que es un ejemplo de la posición tras bambalinas que solemos ejercer, donde el ideal es que pasemos inadvertidos. Para no extenderme en esto, los dejo con un artículo notable sobre nuestra invisibilidad, a cargo de Xosé Castro, un traductor que es hasta estrella de TV.

Pero bueno, volviendo al tema, resulta que acabo de conocer a otro trujimán de papel: Ricardo Socomurcio, traductor de la Unesco en Las travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa. Si bien la crítica no fue muy generosa con la obra, leída desde la perspectiva de un colega, no deja de ser interesante. No voy a hablarles acerca de la trágica historia de amor narrada en la novela, sino que en algunos asuntos traductoriles. Nuestro traductor es un peruano cuya única aspiración profesional es vivir en París, traduciendo e interpretando feliz de la vida. Tiene un colega sefardí que traduce doce idiomas, lo que resulta poco creíble y nos recuerda al famoso políglota de “Viva el lunes”. Este personajillo gris (¡y calvo!) se refiere a su trabajo como “profesión de fantasmas”. Tanto este apelativo, como la descripción sobre Socomurcio nos insinúan que ser traductor es una profesión mediocre y por lo general, propia de escritores frustrados. Aparentemente, un tópico bastante antiguo, como viéramos hace poco en las opiniones que Cervantes pone en boca de don Quijote. Entonces, está en nuestras manos demostrar lo contrario. Como se puede ver en lo que dice Xosé, nuestro trabajo es muy importante. Y tenemos que partir por creerlo nosotros mismos: imagínense una huelga internacional de intérpretes y traductores, a ver cómo se las arreglarían.

En todo caso, aunque me queje, el libro me pareció bien entretenido.

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Una pequeña recensión sobre la nueva ortografía de la RAE

Hace algunos meses la noticia de las nuevas reglas ortográficas presentadas por la RAE causó cierto revuelo en los medios de comunicación. Que “solo” se puede escribir siempre como en “Han Solo” (sin tilde, por si a alguno se le escapa), que la ch ya no califica como letra independiente y que conviene que la “y” no sea más “i griega” sino que se llame “ye”, fueron algunos de las novedades que acapararon la atención.  Pero bueno, estemos o no de acuerdo con tales novedades, la publicación donde aparecen merece una entrada en este humilde blog.

Hay que reconocer que tras perpetrar un diccionario léxico plagado de definiciones circulares, subjetivas o simplemente inútiles,  la RAE desde un tiempo a esta parte ha publicado varias obras indispensables para  el traductor, como el DPD, la gramática y, ahora,  la ortografía. Hoy nos ocupamos de esta última, porque es la más nueva y porque es mi más reciente adquisición (12.900 piticlines en su librería amiga).

Directo al grano, diría que está bastante buena esta ortografía, ya que abarca casos bien específicos de dudas que a veces cuestan resolver. Por ejemplo, una vez le decía a mi hermano que yo pensaba que los nombres de enfermedades iban en minúscula, a diferencia de como los veía en unos escritos con los que él tenía que trabajar. Bueno, resulta que este librito tiene su propia sección sobre las enfermedades en el apartado del uso de mayúsculas. Y claro, van con minúsculas porque son sustantivos comunes. ¿No decía yo? Otro día hablaremos de la “mayusculitis”.

Además, me ha sacado de apuro en otras dudas que me han agobiado últimamente, sobre temas trascendentales para la humanidad, como por ejemplo la concurrencia de determinados signos ortográficos. Al traducir en ocasiones inconscientemente calcamos usos ortográficos de la lengua de origen. Algún profe de inglés me enseño años ha que después de un signo de interrogación no puede venir ningún signo ortográfico…y aunque no sé que tan cierto sea eso en el idioma gringo, al menos sé que en castellano no lo es. Todo gracias a este libraquito.

El único pero que se me ocurre por ahora, es que se echa de menos un índice alfabético, ya que hay que hacer profundos ejercicios de abstracción para buscar dentro un índice temático de tantas páginas. Igual, una buena obra de consulta para los regalones.

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Trados, Wordfast ¿y qué más?

Cuando pensamos en herramientas de traducción, lo más probable es que la mayoría de nosotros piense en Trados, Wordfast o, con suerte, DejaVu. (Aunque eso de mayoría es relativo, ya que probablemente muchos no tengan idea de lo que hablo).

Pero resulta que el panorama es mucho más amplio. Ahora bien, si bien yo tiendo a simpatizar más con Wordfast por un tema de actitud comercial y romanticismo (como decía en una entrada anterior, el creador de wordfast es el tatarasobrino del Champollion de la piedra de Rosetta), hay que dejar en claro que cada herramienta tiene sus pros y sus contras. Todo depende del tipo de proyecto que vayamos a traducir. Para traducir páginas web, por ejemplo, es posible que Trados sea más amigable que Wordfast Classic. Pero este último sale mucho más barato, así que si podemos tratar con los famosos “tags” del HTML, quizá no nos resulte necesario embarcarnos con Trados.

Pero me estoy yendo por las ramas. La idea de esta entrada era hablar de otros programas con los que me he cruzado últimamente, que tienen una gran ventaja nada despreciable: son GRATUITOS para traductores autónomos: Símilis y Across.

Desafortunadamente, aunque se ven lindos no he tenido buenos resultados con ninguno, pero eso no quiere decir que sean malos. Lo más probable es que se trate de un problema de compatibilidad, ya que para varias mis configuraciones son un tanto “especiales”.

1. Similis tiene la gracia de contar con diccionarios incorporados para algunos idiomas europeos, por lo que los traductores de inglés, francés y español tienen una ventaja. Esto permite el reconocimiento terminológico en tiempo real, lo que permite ganar tiempo para no tener que buscar las palabras a propósito. Se puede usar con otras lenguas, pero no se pueden aprovechar los diccionarios.

(click para agrandar)

Una gracia de Similis es que tiene la función de alineación de textos, que al basarse en los diccionarios incorporados, no funciona únicamente según la segmentación del original y la traducción, sino que también según parámetros lingüísticos.

Desafortunadamente mi prueba no resultó como esperaba, ya que no fue capaz de encontrar pares textuales en un texto de prueba inglés – castellano.

El otro problema que experimenté fue el proceso mismo de traducción: nunca pude pasar de la primera unidad de traducción, ya que el supuesto comando para tal efecto simplemente no funcionó. Puede ser que se deba a que mi sistema es win 7 -64 bits.

(click para agrandar)

Como no domino tanto detalle y la documentación del programa está en francés, tendrá que quedarse ahí por el momento.

Otro día veremos que pasó con Across y alguna que otra herramienta, ya que la oferta crece cada vez más.

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muy “rindo”

"Beautifuru"   “Beautifuru“, en lugar de “Beautiful”. Exactamente eso es lo que dice este letrero de una peluquería ubicada en un barrio residencial de Tokio, al menos el 2003, cuando pasé por ahí. Por un lado, nos puede parecer un error garrafal de traducción que deja en evidencia que fue hecha por un aficionado. Sin embargo, por otro lado, si consideramos que el objetivo de la traducción es establecer la comunicación entre dos hablantes de distintas lenguas, entonces quizás este gazapo no califique como error de traducción. En este caso, el texto en inglés no cumple una función comunicativa, sino más bien  estética. Dada la ubicación y el estilo de la peluquería, probablemente nunca tuvieron en mente a una clientela anglohablante, por lo que simplemente la idea era decorar, para que el local se viera “más a la moda”.

Ahora, ¿cómo se explica un error como este? La causa del error se debe a la inexistencia del fonema /l/ en el japonés, por lo que por mucho que a los hispanohablantes nos parezca imposible, para el oído japonés una /l/ suena igual que una /r/, e incluso que una /rr/.

Ahora, ¿y la /u/, de dónde sale?, dirá el lector atento…pues de otra característica del japonés, que consiste en términos generales, en que no se puede pronunciar una consonante de manera aislada, por lo que hay que insertar una vocal después. Ahora, como la /u/ japonesa es bastante cerrada y poco audible, suele ser la vocal elegida para la inserción.   Mira tú la de cosas que nos enseña una peluquería despistada, ¿no?.

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