Archivo mensual: julio 2011

Quijote

Gustave Doré: Don Quijote de La Mancha and San...

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Tras intercambiar algunas equivalencias entre el toscano y el español, el caballero de la triste figura y un traductor de italiano  continúan con la siguiente conversación :

—Sí declaro, por cierto —dijo el autor—, porque esas son sus propias correspondencias.
—Osaré yo jurar —dijo don Quijote—, que no es vuesa merced conocido en el mundo, enemigo siempre de premiar los floridos ingenios ni los loables trabajos. ¡Qué de habilidades hay perdidas por ahí, qué de ingenios arrinconados, qué de virtudes menospreciadas! Pero, con todo esto, me parece que el traducir de una lengua en otra, como no sea de las reinas de las lenguas griega y latina, es como quien mira los tapices flamencos por el revés; que, aunque se veen las figuras, son llenas de hilos que las escurecen, y no se veen con la lisura y tez de la haz; y el traducir de lenguas fáciles ni arguye ingenio ni elocución, como no le arguye el que traslada ni el que copia un papel de otro papel.
Y no por esto quiero inferir que no sea loable este ejercicio del traducir, porque en otras cosas peores se podría ocupar el hombre y que menos provecho le trujesen.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Cervantes, (Fragmento)

En ella podemos apreciar varias cosillas interesantes, como:

  1. El anonimato del traductor.
  2. La idea de que en la traducción se pierden elementos del original
  3. El prejuicio de que la traducción entre lenguas “fáciles” tiene menos mérito que de las más difíciles.

Más adelante iremos tocando estos temas, hoy lo dejamos hasta aquí, para que les den ganas de volver.

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Traducción musical

Me encontré hace poco con esta cancioncilla interpretada por Manuel García, que de alguna forma me sonaba familiar. Aunque soy fan del Manuelito, no podía ser que me gustara a la primera…

Así que hice un poco de tarea y claro, me encontré con que era un cover del gran Francis Cabrel, que aunque también la cantaba en castellano, originalmente era en francés, claro.  Si nos ponemos a pensar, gran parte de la música cebolla de los setenta y ochenta era originalmente en italiano o francés. Lo que quiere decir que como siempre, sin darnos cuenta,  tenemos acceso a obras de otras realidades gracias a algún anónimo y laborioso colega traductor. En el caso de las canciones, el desafío está en decir lo mismo con una métrica que pueda adaptarse a la música, lo cual puede ser un reto mayúsculo. Lo más probable es que por lo general haya que sacrificar la letra  y conformarse con transmitir el espíritu o la atmósfera del original. Igual si las “escuhamos con lupa”, algunas canciones italianas de esa época tienen en español unas letras bien raritas, ¿qué es eso de “al modo mío“, por ejemplo?

Pero bueno, no los voy a aburrir con detalles de la traducción en este caso, simplemente porque no sé tanto francés…ya saben que lo haría si supiera.

 

 

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Julio y las patentes

Julio Cortázar

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Aparte de escribir cuentos increíbles, memorables y en ocasiones incomprensibles, Julio Cortázar era también traductor. En su relato “Diario para un cuento”, el narrador (o él mismo, mejor dicho), menciona al pasar su experiencia con la traducción de patentes de invención:

“Creo que se le parece bastante aunque le extraño el peinado, cuando vino por primera vez a mi oficina llevaba el pelo recogido, me acuerdo por puro coágulo de sensaciones que yo estaba metido hasta las orejas en la traducción de una patente industrial. De todos los trabajos que me tocaba aceptar, y en realidad tenía que aceptarlos todos mientras fueran traducciones, los peores eran las patentes, había que pasarse horas trasvasando la explicación detallada de un perfeccionamiento en una máquina eléctrica de coser o en las turbinas de los barcos, y desde luego yo no entendía absolutamente nada de la explicación y casi nada del vocabulario técnico, de modo que avanzaba palabra a palabra cuidando de no saltarme un renglón pero sin la menor idea de lo que podía ser un árbol helicoidal hidro-vibrante que respondía magnéticamente a los tensores, 1, 1’ y 1” (dibujo 14). Seguro que Anabel había golpeado en la puerta y que no la oí, cuando levanté los ojos estaba al lado de mi escritorio y lo que más se veía de ella era la cartera de hule brillante y unos zapatos que no tenían nada que ver con las once de la mañana de un día hábil en Buenos Aires. “

Diario para un cuento, Julio Cortázar (fragmento)

Encuentro que retrata muy bien lo que me pasa a mí con las patentes del japonés, con la única diferencia de que ese proceso de no entender nada al principio y poco a poco llegar a descifrarlo todo me parece alucinantemente interesante. Es quizás ese dilucidar mensajes ocultos lo que más me atrae de la traducción. Además, se aprende bastante en el proceso.

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Wide2Narrow, o de gordos a flaquitos

Hoy en día, casi todas las herramientas de traducción reconocen de manera automática números y símbolos que, por lo general, deben mantenerse en la traducción, ahorrándonos la necesidad de tipearlos y evitándonos el riesgo de equivocarnos al hacerlo. Desafortunadamente, si traducimos desde el japonés, nos encontraremos con números u otros caracteres “más rellenitos” que no serán identificados como tales. Si bien en términos de significado 4 ? )y @ son lo mismo que 4 ? ) y @, en términos técnicos son diferentes. Los primeros pertenecen al juego de caracteres japoneses (double byte) y por lo tanto, no son visibles en un computador que no tenga habilitada la visualización de caracteres asiáticos. Además, en mi experiencia, estos caracteres tienen un mayor peso relativo en los segmentos de una memoria de traducción, lo que hace que disminuya el porcentaje de posibles coincidencias.

Para que se entienda:

Si tenemos un número de teléfono, y lo debemos traducir, tendríamos que copiar los dígitos uno a uno, ya que no serán reconocidos

Números anchos en formato japones

Números anchos en formato japonés

Entonces, lo más recomendable es reemplazar todos estos caracteres antes de traducir, para que nuestra herramienta preferida los pueda reconocer, o para que al cliente no le aparezcan mamarrachos donde hay que ver números. Este reemplazo puede hacerse fácilmente con una macro de Word, desarrollada por GITS, que pueden encontrar aquí, junto con las instrucciones correspondientes. (innecesarias para mis alumnos…espero)

Así, una vez aplicada la macro, wordfast o cualquier otra herramienta reconocerá los números como tales, ahorrándonos la necesidad de copiarlos a mano:

Números occidentalizados

Tras aplicar la macro, los números se convierten al formato latino.

El encuadre rojo significa que wordfast lo reconoce como una unidad que puede copiarse automáticamente en el texto meta. Fácil y bonito.

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Sistema numérico

Al aprender japonés, especialmente al principio, nos suele llamar la atención el sistema numérico que utiliza. Esto, porque  a partir del 10.000 las magnitudes conceptuales para expresar un mismo número son diferentes. Por ejemplo, para 10.000   en español decimos “diez mil” (10 *1000), mientras que en japonés se dice /ichiman/, o sea “un diez mil” (1 * 10.000). Entonces, las unidades superiores se multiplican de otra forma, y así,  un millón, serán “cien diez miles”. Además, cuenta con unidades para números más grandes que en español no hay:  cien millones es /ichioku/, o sea, “un cien millones”, lo que nos complica al momento de contar. Una vez me preguntaron en Japón cuantos habitantes tenía Santiago, y aunque no recuerdo exactamente cuánto dije, sí recuerdo que se rieron porque me dijeron que era imposible. Y claro, nunca he sido bueno para las matemáticas, por lo que probablemente  habré dicho que tenía como 400 millones.

Ahora, si bien a primera vista puede resultar difícil de entender, podemos captarlo mejor conceptualmente si lo comparamos con las unidades que usamos coloquialmente en Chile para hablar de dinero: una gamba, una quina, una luca, una gabriela vienen a ser parecidos al concepto del ichimán, el ichioku y similares, con la diferencia que estos últimos son para números más grandes, no exclusivamente dinero, y no tienen un carácter coloquial ni dialectal, sino que pertenecen al sistema numérico de la lengua. O sea, no tienen nada de raro, es sólo una manera diferente de ver una misma magnitud.

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Hojas, palabras y 言葉

Entre las interesantes presentaciones que tuvimos el privilegio de presenciar en el recién pasado congreso del COTICH, me llamaron la atención unas palabras de María Inés Huenuñir, autora mapuche que presentó sus canciones y poemas. Hablando del respeto a la naturaleza, dijo: “Cada hoja es una palabra y cada árbol, una historia”.

Más allá de lo atractivo de la comparación, me recordó que en japonés, kotoba (言葉) tiene literalmente un significado parecido: El primer ideograma significa lenguaje, mensaje, etc. Y el segundo, hoja, como las de los árboles. O sea, una descomposición literal de la palabra sería: “hojas de lenguaje”, lo que nos invita a pensar en las palabras como si fueran las hojas que dan vida al árbol del idioma.

Ahora bien, aunque suena bonito, no es más que un análisis literal de la palabra, no quiere decir que en japonés la palabra sea “shúper” poética ni que pueda traducirse así, ya que simplemente significa “palabra”. Digo, no vaya a ser cosa de que lo comenten con algún japonés, pues probablemente les diga que adónde la vieron. Eso, solo una voladita de este humilde trujamán.

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