Archivo mensual: junio 2011

Paperback translator

Desde niño he sentido cierta admiración o simpatía por los personajes de películas o libros que profesan nuestra digna profesión de traductores o intérpretes. Lo que más recuerdo de la miniserie de Cristóbal Colón que daban en la TV abierta en los ochenta, era precisamente el momento de encuentro entre las dos culturas y los inútiles esfuerzos del intérprete que iba con don Cristóforo para comunicarse con los nativos.

Algo parecido me pasaba con la guerra de las galaxias, ya que el amarillo y remilgado C3PO (citripio, para los amigos) era un robot de protocolo que hablaba nosecuántosmil chorrocientos idiomas interplanetarios.

La novela Butamalón, de Eduardo Labarca es la historia de un traductor cuya ardua misión de traducir al inglés el manuscrito de un cura español que vivió entre mapuches durante la conquista termina por entremezclarse con su propia vida gris y rutinaria. Al menos eso es lo que recuerdo del libro, pero puede ser que mi memoria de traductor también se entremezcle con la trama…

¿Alguien recuerda algún otro traductor novelesco o peliculístico?

Queda abierta la invitación.

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Cuadros de texto, pepetés malditos y el hombre tigre al rescate

Pepetés, ppts o infames presentaciones en Powerpoint. No importa cómo los llamemos, pero muchos traductores hemos aprendido a detestarlos. Ya sea porque no es fácil contar las palabras, porque nos toma mucho tiempo traducirlos o porque suelen estar mal hechos y lo que serían 5 minutos de edición se pueden transformar en 50 de frustración. Lo mismo pasa con los famosos cuadros de texto en Word, que aparte de ser un “dolor en el traste”, hasta Office 2003 no se incluían en el conteo de palabras, por lo que un descuido podía hacernos cobrar de menos.

Pero bueno, al final lo que cuenta es que seamos capaces de traducirlos y bien. Si tenemos Trados, Wordfast Pro o algo parecido, en realidad ya no es un problema, ya que dichos programas extraen el texto traducible y después recrean la versión traducida. Si sólo tenemos Wordfast Classic, igual podemos traducir aunque el proceso es un tanto artesanal (aunque igual medio mágico).

Aquí es donde llega el hombre tigre al rescate. ¿Y ese quién es?

Bueno, es el werecat, una pequeña macro de Word que permite extraer el texto de un .ppt o de todos los cuadros de texto de un .doc . Esto nos permitirá traducir en Word a nuestras anchas y después mandar el texto de vuelta al ppt o a los cuadros de texto correspondientes.  Si bien es un programita que ya no se desarrolla más porque fue creado para Office 2003, en mi experiencia suele funcionar igual de bien con 2007. Las pocas veces que ha fallado he sido capaz de resolver el problema con un poco de observación (arreglando alguna pifia en el ppt original, por ejemplo).

Así que vale la pena probarlo…aunque como dice en su página, no se garantiza nada (igual es un caballo regalado, así que sería un descaro reclamar).

(No olviden leer bien las instrucciones de uso y qué es lo que puede y no puede hacer)

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Corrección en papel versus conciencia ecológica

Por varios años me mantuve corrigiendo mis traducciones en pantalla, resistiéndome a imprimirlas para no gastar papel ni tinta. Pero llego el momento en que tuve que reconocer que quiéralo o no, es más fácil encontrar gazapos y otros detallitos viendo una hoja impresa, en lugar de quemarse las pestañas frente a la pantalla. Así que finalmente, tras pensarlo mucho, hace unos meses me compré una impresora láser.  Hay que ver cómo cambia el proceso de revisión, lo que mejora la calidad del producto final.

Pero el tema ecológico me seguía preocupando, así que para no sentirme destruyendo el planeta, he tranzado de la siguiente forma:

1. Imprimo sólo  cuando la situación lo amerita, para la revisión final. (No ando por ahí imprimiendo mails ni chistecitos)

2. Imprimo por los 2 lados, aunque los fabricantes de impresoras y de resmas de papel no lo recomienden. Seguro que es colusión. Hasta el momento, no veo que pase nada terrible.

3. Mientras corrijo la versión impresa, apago el computador (o lo pongo a hibernar). Así compenso el papel utilizado con el ahorro de energía.

4. Utilizo la ECOFONT que es un software de tipografías que te permiten economizar en el tóner de la impresora, ya que imprime cada letra con varios hoyitos minúsculos que, al disminuir la superficie a imprimir, ahorran tinta.  Si bien es un producto comercial, como mis impresiones son solo para mi lectura me conformo con el demo, que funciona de perilla. Sólo hay que descargarlo e instalar como cualquier otra tipografía (mal llamada “font o fuente”, un charchazo para los traductores de microsoft) y después aplicársela al texto en cuestión.

5. Llevo como 5 meses y aún no he terminado una resma ni el tóner inicial, así que creo que  no soy tan derrochador.

Eso sería, a acordarse de los bosques antes de imprimir por las puras.

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¿Panko o pan rallado?

Últimamente me he encontrado varias veces con dicha palabra en las cartas de sushi o similares en uno que otro pub o restobar de Santiaguito. También lo vi por ahí en una receta, si mal no recuerdo. Inicialmente, verlo así tal cuál y sin explicación alguna, me pareció un caso de esnobismo, un intento de hacer más interesante el producto, aunque se trate del pan rallado de toda la vida. Así que antes dedespotricar en contra del arribismo lingüístico, se me ocurrió investigar un poquillo.

Según los diccionarios de japonés, panko (パン粉) significa “pan rallado”. Pero resulta que en teoría, el pan rallado que se usa en la cocina japonesa no incluye la cáscara del pan y, como éste contiene leche, el resultado es algo diferente. Claro, eso explica la diferencia en textura del batido usado en el tempura, por ejemplo.

Ahora bien, habría que consultar con los cocineros si los restobares locales que describen sus platos usan realmente panko, estilo japonés o simplemente el rallado del pan duro de la semana anterior.

Al final de cuentas, lo más interesante es el viaje que recorre la palabra pan: hace casi 500 años, del portugués pão al japonés /pan/ パン, y de este al castellano, agregando el sufijo –ko, que significa “polvo, rallado”, para llegar al panko actual.

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1er Congreso de Traducción e Interpretación del COTICH

A diferencia de nuestros vecinos trasandinos, son pocas las instancias que en Chilito tenemos para reunirnos e intercambiar ideas,  experiencias y redificar (networking, que le dicen).

Así que en esta ocasión, con motivos de su vigésimo aniversario, el Colegio de traductores e Intérpretes de Chile, organiza su primer congreso. Una buena oportunidad para ponerse al día, salir del encierro y ver a los colegas.

Más info en:  http://cotich.wordpress.com/

Ahí nos vemos entonces!

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