En contra de la “prefecturización” de la práctica traductora.

Ya, sí, está claro que eso de “prefecturización” no lo han escuchado nunca y que me lo acabo de inventar. En realidad, la idea es despotricar acerca de un fenómeno muy presente entre algunas agencias de traducción, estudiantes o los ya mencionados traductores zombis. Pero, ¿a qué diablos me refiero?

Llamo “prefecturización” a aquella típica obsesión de pensar que todo tiene una traducción oficial, o una teiyaku (定訳), es decir, una traducción asentada, aceptada o establecida. Pues claro, muchas veces así es. Sobre todo para conceptos específicos, nombres de organizaciones y otra gran variedad de fenómenos posibles.

Sin embargo, dicha realidad no implica que todo, siempre, tenga una traducción “oficial”. Los contextos son variables y lo adecuado en uno puede no serlo en otro. Aunque sea dentro de una misma disciplina. Siempre depende del contexto, las estructuras gramaticales, las posibilidades y estilo de expresión e incluso el espacio disponible.

Pero eso no es todo. En general, los promotores de las “traducciones oficiales” tienden a no poner en duda aquellas traducciones que encuentran y las adoptan casi dogmáticamente: así lo aprendí, eso dice el diccionario o así sale en tal o cual página de internet.

Y aquí es cuando llegamos a lo de la prefectura, que no es más que un ejemplo, pero bien ilustrativo. Todo el que sepa algo de Japón sabrá que su división administrativa principal es el ken (県), que “impajaritablemente” se traduce como prefectura, puesto que en inglés siempre se traduce como prefecture. Pero, ¿qué pensamos en español cuando leemos o escuchamos prefectura? Yo diría que nada parecido a la acepción de 県, sino más bien algo similar a una jurisdicción policial, naval, militar o algo por el estilo, no una división territorial de carácter administrativo, más parecida a provincia o lo que en algunos países hispanohablantes denominan departamento.

¿Quiero decir entonces que me opongo a traducir 県 como prefectura? Claro que no. Es solo cosa de contexto. Si el texto es de carácter administrativo, o turístico y está destinado a hispanohablantes residentes o paseantes en Japón, creo que prefectura sería lo más atinado. Otro sería el caso de un texto literario o de otro tipo destinado a un público no versado en temas nipones. Creo que ahí, lo mejor sería algo parecido a provincia.

En suma, las supuestas traducciones asentadas, no son sagradas.

"Prefectura" delimitando un recinto naval, si mal no recuerdo. en Colonia, Uruguay

“Prefectura” delimitando un recinto naval, si mal no recuerdo. en Colonia, Uruguay

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Alpacas y diccionarios de papel

Todo el que me conozca sabrá que aún soy usuario de los diccionarios de papel. De esos que hay que ojear y hojear (sí, con y sin h) para dar con la palabra que uno busca. Otros me conocerán como un defensor de los mismos o promotor de estos anticuados mamotretos intragables que la tecnología ha dejado atrás. Y claro, sería mentira si dijera que en mi trabajo diario solo uso los de papel y no los electrónicos. De hecho, uso principalmente estos últimos, por su rapidez, comodidad y versatilidad en la búsqueda. Pero de cuando en cuando, sobre todo cuando el tiempo no apremia, trato de no abandonar a mis amigos de antaño. A mi izquierda, al alcance de mi mano, tengo al menos 15 fieles volúmenes de diversos tamaños, colores, idiomas y temáticas. Algunos pesan tanto que tengo que usar ambas manos para consultarlos. Detrás de mí, otros tantos.

Me da la impresión de que es más fácil olvidar la información nueva cuando la buscamos en un diccionario electrónico, ya sea en línea o de bolsillo (denshi jisho, o “jisshonarios“, como me gusta llamarlos). Aunque claro, inmersos en la vorágine actual, no queda otra que recurrir a la tecnología para buscar al instante y seguir avanzando, pues tenemos un plazo de entrega que cumplir. No obstante, el placer de recorrer y descubrir, por ejemplo, alguna joyita oculta en el María Moliner, es impagable, y al menos según me parece, deja una huella más profunda, un aprendizaje más duradero. Porque ¿cuántas veces hemos buscado una y otra vez una misma palabra en Wordreference o similar? Tiendo a pensar que con el papel esto pasa menos. Pero claro, puede ser solo romanticismo de mi parte.

También tengo uno que otro diccionario que me resulta inútil en lo laboral, pero que conservo por motivos sentimentales, ya que me lo dio mi tío abuelo favorito. Como este:

Diccionario alemán-japonés

Diccionario alemán-japonés

Se trata de un viejo (1912) diccionario alemán-japonés, en que para el alemán se usan letras góticas, de esas raras y difíciles de leer; y para el japonés, estilo clásico escrito, o 文語体 de uso más o menos corriente en la lengua escrita de esa época y que dejó de usarse tras la segunda guerra mundial, cuando se reformó la escritura para que coincidiera más con la lengua oral.

Aunque no sé ni una pizca de alemán, alcanzo a reconocer que dice Alpaca (o Alpata o algo parecido). se observa que para los nombres de países donde hoy se usaría katakana, se usa kanji (知利 para チリ  Chile  y 秘露  para ペルー (Perú),  y que donde hoy se usaría hiragana, se usa katakana.

Además de lo complejo del lenguaje, llama la atención la ilustración, un poco tosca. Pareciera que la alpaca se agacha para dejar espacio al texto.

La definición misma también es curiosa: “nombre de animal parecido a la oveja, originario de Chile y Perú”. Se agrega además su escritura en kanji, 羊駄 prácticamente en desuso actualmente.

O sea, que es un camélido, que se puede comer, que se extrae su lana o que también proviene de Bolivia u otros países, ni palabra. (Sí, la segunda acepción se refiere a la tela, pero solo dice que es el nombre de una tela de pelo ralo)

Sí, ya sé que todo esto no sirve de mucho y que no lo vamos a andar comentando en la sobremesa. Pero igual nos dice algo de la visión de mundo que reflejaba el japonés de hace 100 años. Y al menos eso, creo que es un poquito interesante.

 

AVISO de UTILIDAD PÚBLICA

Antes me pasaba por el blog una vez a la semana, ahora por lo visto voy al “acelerado” un ritmo de una vez al año. Espero poder mejorar la frecuencia, pero no prometo nada. Sería útil que me comentaran si hay algún tema en concreto del que quieran saber (sobre japonés, traducción, herramientas CAT y áreas afines), pues así me sirve de inspiración y me ayuda a darle movimiento a esta cuestioncita.

Yoroshiku.

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En Japón tampoco hacen la tarea

En un santiamén, pasaron 7 meses desde la última entrada de este blog. Increíble como pasa el tiempo, o increíble lo flojo que puedo llegar a ser. No, mejor dicho ocupado o abandonado por la inspiración bloguera. Elija usted, total, da lo mismo.

Pero bueno, entrando en materia, nos referíamos el otro día a los típicos restaurantes de “suchi” chilenos que bautizan sus locales con nombres dudosos, sospechosos, o lisa y llanamente, chistosos. Pues, como en todas partes se cuecen habas, pasa que en Japón la cosa no es tan distinta. Para muestra, un botón de un restaurant en Obihiro, en Hokkaido.

¿Y por qué no hicieron la tarea?

  1. No queda muy claro si se trata de comida española, catalana o italiana, pues se llama “Catalogna”, o sea, Cataluña en italiano. Ahora lo de “Sisters bar” en inglés, no termina de aclararlo y más bien, lo hace todo más sospechoso. No se qué tipo de hermanas será. DSCF4345
  2.  Este texto de antología nos demuestra que el significado es lo de menos. Nótese que “la fusión de las muchachas obstruye”. No logro pensar en ningún contexto en que eso podría tener sentido. Ni siquiera pensando en japonés que habrán querido decir. Si alguien tiene una idea, bienvenida sea en los comentarios. La tipografía está bonita eso sí. Y ese es en realidad todo el sentido. Apelar a la estética o el “caché”.  Total, no será más de un puñado de hispanohablantes los que anden por Obihiro. DSCF4346
  3.  El broche de oro con “la capucha esta llena a, también”. DSCF4347Por un lado, el traductor que llevo dentro se revuelca con tanto disparate. Pero por lo otro, pienso que da lo mismo. Si la comida es buena y su público objetivo no es el hablante del idioma en cuestión, como que no importa mucho. Pero igual…no sé. Sirve para reírse un poco a ambos lados del océano. Ahora, si alguien pasa por Obihiro, que entre y nos cuente que tal. Nosotros no entramos, pues andábamos comiendo un rico butadon.

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Restaurantes de sushi: dime como se llama y te diré si hicieron la tarea

Aunque el sushi que se sirve en la gran mayoría de los restaurantes criollos es precisamente eso, una adaptación del clásico plato nipón al paladar chileno —por lo mismo, pronunciado “suchi” y rebosante de palta— no son pocos los locales que para darse aires de orientalidad se ponen un nombre japonés o cuelgan letreros alusivos en esa lengua. Hasta ahí, todo bien. Ahora, no son pocos los casos en que queda más que claro que no hicieron su tarea de investigar qué diablos es lo que dicen sus letreros, o usaron un traductor automático, buscaron palabra por palabra en un diccionario o simplemente, no tienen mucha idea.

Por ejemplo, tenemos este local que cada vez que paso por al frente trato de encontrarles una justificación, pero no lo logro.  Ese cartel en japonés dice “でし”  (deshi) en lugar de “すし” (sushi). “Deshi” podría significar también discípulo, pero en ese caso, se escribiría en kanji (弟子). Y no tiene mucho que ver ni con el nombre ni con el rubro ni nada. Así que, reprobados.

"deshi" en lugar de "sushi"

“deshi” en lugar de “sushi”

Este otro es de lo más raro. Se llama “mazui”, o sea, insípido, desabrido, o lisa y llanamente, de mal sabor. Como que no me dan ganas de probarlo. El kanji que ponen, por otro lado, significa bodega (en su sentido de almacén o depósito). Se me ocurre que es una bodega de sushi desabrido…nada apetitoso. (Ojo, quizás sea bueno y sabroso, pero el nombre no me invita a probarlo).

"mazui" significa "de mal sabor"

También estaba (ya no existe) este otro que no tiene muy claro qué idioma hablan en Japón, pues se llama “ai shiteru“, que claro, significa “te amo” en japonés, pero escriben eso mismo… ¡en chino! Nótese la diferencia: dice 我爱你 , pero debería decir  愛してる.

Imagen sin título

Pero los peores son para mi gusto los que se aprovechan del dolor ajeno, como este local viñamarino que se bautizó así poco después de la crisis en Fukushima. Luego de acalorados debates y discusiones, accedieron a cambiarse de nombre.

Y usted, ¿conoce otro ejemplo?

 

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Pequeña nota de actualización sobre glosarios de la IATE

Hace un tiempo les conté sobre la posibilidad de comprar por una módica suma los glosarios de la IATE. Nadie dijo ni pío así que me imagino que no resultó tan emocionante como me habría imaginado. De todas formas, a petición del dueño del sitio, hoy les hago una pequeña actualización al respecto, que debería ser de especial  interés para quienes usen Wordfast:

  1.  Ahora se ofrece un formato nativo para Wordfast, tanto para glosarios como para memorias, que puede usarse tanto en Classic como Pro.
  2. La extracción sigue una agrupación predeterminada de los términos según los 5 grupos temáticos de la IATE. Esto permite manejar mejor los glosarios por tema en lugar de tener un monstruo con muchocientos mil (o tropecientos mil) términos.
  3. Se puede pedir una extracción personalizada de temas seleccionados por el usuario.
  4. Se usa la versión más reciente de los glosarios (enero de 2015)

Más detallas en santrans.net

Para mi gusto, siempre es bueno tener glosarios activos, sobre todo si son de buenas fuentes. A veces no solo ahorras tiempo en buscar, sino que hasta en tipear.

Eso no más, pues.

 

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Letreros curiosos

Cuando caminamos por nuestra ciudad no prestamos mucha atención a los letreros, pero si estamos en otro país, tendemos a encontrarnos con cosas que nos llaman la atención. Aunque en realidad yo me la paso criticando y corrigiendo mentalmente los letreros que me encuentro donde sea (deformación profesional), mientras viví en Japón me encontré con algunos letreros dignos de comentar. En realidad fueron decenas, pero eran otros tiempos y el celular no tenía cámara y si la tenía, era de menor resolución que un indeciso (chiste profundo). Así que solo pude sacar algunas pocas fotos cuando andaba premunido de mi cámara.

El primero es este que veía siempre en la estación de Ikenoue, camino a la universidad. Probablemente el único letrero “en español” que vi en Japón (aparte de los que prohíben artistas callejeros y similares, que no cuentan).  Digo “en español” entre comillas porque está más que claro que aquí el idioma no es más que ornamental. A menos que sea algún dialecto como zamboangueño… pero es poco probable.

Taller de segundo, mano de curativa.

Aparentemente se trata de una clínica que ofrece quiropraxia para deportistas y regulación del sistema nervioso autónomo, sea lo que sea que eso signifique.

decorativa tampoco, ¿no?

Decorativa tampoco, ¿no?

Ahora, si alguien se extraña y se pregunta “¿pero cómo, cómo no averiguan bien antes de hacer el letrero?”, que se dé una vuelta por los restaurantes de sushi de su barrio y verá desaciertos parecidos. Cerca de mi casa había uno que se llamaba “Aishiteru” (te amo, en japonés), pero el letrero decía 我愛你 que significa lo mismo… pero en chino. O sea, como para pensar que el sushi es de lo más auténtico. Ahora se me ocurre que esto de los nombres de restaurantes de sushi da para otra entrada en este pobre blog, así que quedamos hasta aquí.

El siguiente era un anuncio de empleo en un restaurante del estiloso barrio de Shimokitazawa. Aquí lo curioso es el contenido, de una honestidad brutal, que traducido y adaptado un poco es algo así:

“Oye, joven, trabaja. No importa que no tengas ganas ni entusiasmo. Tampoco necesitas experiencia ni nada. Por una hora de trabajo, de 900 yenes hacia arriba. Podrás hartarte de comida. Implica cansancio moderado”.

No necesita entusiasmo para trabajar

No necesita entusiasmo para trabajar

El último es este triste llamado de atención a sacar la basura como corresponde. Un descriteriado dejó unas frazadas (o un colchón, no me acuerdo bien) junto con la basura. Aunque desafortunadamente por aquí se ven colchones y sillones tirados junto con la basura, en Japón está claramente establecido que esos son artículos voluminosos que requieren un trámite para tirarlos a la basura: por una módica suma, la municipalidad va a buscarlos a tu casa en una fecha convenida.

Ahora el letrero es triste porque aunque es claro que el infractor es un desalmado (kokoro no nai hito, como dice el letrero) a quién no le preocupa cumplir con las normas de convivencia, cuesta pensar que vaya a ser lo que le indican: “haga el trámite para su retiro”.

Una persona "sin corazón" sacó mal la basura

Una persona “sin corazón” sacó mal la basura

Ahora, qué pasó después, no me acuerdo.

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Más cuentitos

Nuevamente aprovecho esta tribuna para la publicidad. El próximo 23 de febrero saldrá la la venta un nuevo volumen con cuentos donde participa este humilde traductor, además de Isami Romero y Juan José Yañez. Por cosas de tiempo, en esta ocasión solo pude encargarme de dos: Magia, de Ryunosuke Akutagawa, y El robot y el peso de la cama, de Sanjugo Naoki. El primero me sorprendió gratamente, ya que es bien ingenioso y entretenido. El segundo, la verdad, fue un dolor de cabeza porque el autor transgrede constantemente las normas de la prosa y resulta difícil de entender. Igual, no deja de ser interesante.

Lo publicito antes de leerlo, para no enturbiar mi apreciación con los cambios de última hora.

Se puede adquirir en la editorial http://www.quaterni.es/producto/un-gran-descubrimiento-doce-cuentos-japoneses/ o después en Amazon.es, Book depository y las librerías de la península.

Mis agradecimientos como siempre a José Pino, por sus acertados comentarios, y a Kimiyo Nishimura e Isami Romero por su valiosísima ayuda con el cuento de Naoki.

Aprovecho también de dejarles una reseña del libro anterior, Las nuevas aventuras de Hanshichi.


1. Diario de un hombre en bicicleta de Soseki Nastsume (Juan Antonio Yáñez)
2. El gran descubrimiento de Ogai Mori (Juan Antonio Yáñez)
3. La historia de una geisha anciana de Kanoko Okamoto (Isami Romero)
4. Magia de Ryunosuke Akutagawa (Juan Luis Perelló)
5. El robot y el peso de la cama de Sanjugo Naoki (Juan Luis Perelló)
6. Una carta de protesta de Kan Kikuchi (Isami Romero)
7. La luna sobre la montaña de Atsushi Nakajima (Isami Romero)
8. El hombre toro de Atsushi Nakajima (Juan Antonio Yáñez)
9. Sushi de Kanoko Okamoto (Isami Romero)
10. Jirokichi: el ratón rapaz de Ryunosuke Akutagawa (Isami Romero)
11. ¡Corre! Melos de Osamu Dazai (Isami Romero)
12. El fin de Uemon Miura de Kan Kikuchi (Juan Antonio Yáñez)

 

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Traducción automática de fechas japonesas en memoQ

Aunque lejos están los días de las actualizaciones semanales, trataré de no tenerlos tan abandonados este “fresquito” verano.

Así que les contaré hoy algo que hace rato me andaba rondando: la traducción automática de fechas  niponas en el programita que destronó a Wordfast en mi corazón: memoQ. (No desesperen, no quiere decir que ya no sea hincha de wordfast, solo que ahora uso más memoQ).

Entonces, pasa que muchas veces las fechas japonesas vienen en el formato

昭和60年9月13日 (Era oficial, año, mes y día)

lo que por lo general no nos sirve en castellano, donde necesitamos día, mes y año gregoriano: (13 de septiembre de 1985)

Aunque con el día y el mes no hay mucho problema, la equivalencia entre eras oficiales y años gregorianos puede ser un lío. Normalmente yo tengo una listita pegada en la pared, pero igual es un poco incómodo. Y si memoQ y nuestra inventiva puede venir al rescate, bienvenido sea.

¿Entonces, cómo se hace?

Primero hay que confeccionar una regla de autotraducción en el panel de configuración (Ventana del proyecto o consola de recursos, luego “settings” y “autotranslation rules)

Si queremos entender la mecánica de las reglas de autotraducción, primero tenemos que dominar más o menos la búsqueda con comodines en Word. Aunque a primera vista nos puede parecer algo marciano, aburrido y de poca utilidad, es una herramienta tan potente que puede ahorrar mucho tiempo al traductor avispado. Lo recomiendo a ojos cerrados, aunque requiere invertir un poco de tiempo dominar y diseñar las búsquedas, el tiempo que se ahorra justifica la inversión.

Ahora bien, el que no tenga tiempo y quiera solo aprovecharlo, puede copiar los pasos siguientes:

Primero, ir a la pestaña de “translation pairs” y copiar lo que sigue. Aquí es donde le decimos a memoQ qué debe reemplazar con qué.  Ojo que esta es la parte tediosa porque hay que hacer listas separadas para los días, meses y años (yo hice desde la era Taisho en adelante, pues antes no es muy frecuente en mis traducciones).

Paso 1

Paso 1

La mismo en las eras:

Paso 2

Paso 2

Luego hay que decirle a memoQ el orden que necesitamos para el reemplazo, o sea crear la regla. En este caso la lista de los años equivale a $1, la de los meses a $2 y la de los días a $3. Entonces, como queremos que el orden salga al revés y con un la preposición “de” entremedio, le instruimos al programa que los reemplace en el orden que deseamos y ponga de entre cada elemento.

Paso 3

Paso 3

Así, 昭和52年1月14日 nos quedará automáticamente como 14 de enero de 1977 y nos saldrá marcado en verde en el panel de resultados de memoq.

Emocionante, ¿no?

Ahora bien, si están mucho más ocupados y no tienen tiempo para configurarlo, pueden bajar el archivo que yo creé con la regla desde el Language Terminal de Kilgray. Tienen que tener una cuenta en Language terminal eso sí. Busquen “fechas japonesas” en la sección de búsqueda de recursos. Suerte, y si encuentran alguna pifia, sean buenitos y avisen.

Un detalle que se me olvidaba: los números debe estar en el mismo formato que los ingresados en la regla: si ponen 15 en ella y el original que traducen dice 15, no funcionará, a menos que hagan otra regla con ese formato numérico.

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Una herramienta muy útil: Transtools

Hoy toca contarles acerca de Transtools, desarrollado por Stanislav Okhvat. Es una aplicación sumamente útil que nos permite hacer en de un suácate labores que normalmente nos tomarían bastante más tiempo, o no sabríamos hacer o tendríamos que rebuscar entre los botones y menús de Word, Excel y Visio.  Como seguro que lo primero que se preguntarán es el precio, empiezo por decirles que es gratis, aunque para acceder a algunas funciones (re pocas, la verdad) hay que pagar la módica suma de 20 dólares. La idea es probarla todo lo que se puede y decidir si vale la pena la inversión o no. De momento yo no la he hecho, pero es probable que lo haga en futuro cercano.

Pero bueno, ¿qué se puede hacer con Transtools?

  •  Aplicar diversos formatos y estilos de una patada: por ejemplo, a veces nos vemos en la necesidad de aplicar el famoso tw4WinExternal para dejar texto afuera de la segmentación de nuestra CAT favorita. Igual con el texto oculto, que se puede hacer y deshacer.
  • Arreglar un documento mal formateado, como los que generados por programas de OCR o creados por personas de pocas luces (aquí mejor no entro en detalles).
  • Reemplazar distintas cadenas de texto de un solo guaracazo, sin tener que ir una por una cada vez.
  • Buscar texto destacado, incluso por color.
  • Y varias cosas más pero no las he probado o me da flojera explicar.
Transtools en Word

Barra de herramientas de Transtools en Word

Y eso es solo un ejemplo de lo que se puede hacer en Word. En Excel y Visio aún no he investigado mucho, pero se los dejo para que les pique la curiosidad. También hay una “utilities” que sirve para configurar algunos atajos de teclado en el sistema operativo. Échenle un vistacito, no se arrepentirán.

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Las nuevas aventuras de Hanshichi

La última vez los amenacé con que vendría una entrada de autobombo, así que aquí va:

Ya está a la venta una nueva traducción de este humilde servidor. Son diez cuentos cuyo protagonista es el detective Hanshichi, una especie de Sherlock Holmes japonés, ambientado a fines  del período Edo (siglo XIX) y escrito a comienzos del siglo XX. Aunque en rigor es la continuación de “Las aventuras de Hanshichi”, publicado por Quaterni, no requiere la lectura del primero para disfrutar del segundo.

Se puede comprar, por ejemplo, en the book depository , Amazon. es , en las librerías de España o de su país (solo si tiene suerte, pregunte a su distribuidor amigo)

No es literatura profunda, ni me ganaré el Nobel de la traducción, pero tiene su gracia y es, para mi gusto, más entretenido que el anterior con los cuentos de autores clásicos.

Lo malo es que pasada la emoción inicial de verlo impreso (y olerlo, claro), comienza uno a cuestionarse y pensar en que podría haber puesto esto o aquello en lugar de ello, o en porqué en la editorial me “peninsularizaron” algún chilenismo tan pintoresco, pero bueno, así es la cosa. Mejor hacerle propaganda y echarse a dormir.

Portada de Las nuevas aventuras de Hanshichi

Las nuevas aventuras de Hanshichi

Agradecimientos

Agradecimientos

 

 

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