Gulliver y Japón

¿Que no era Lilliput? ¿Qué tiene que ver Japón?

Sí y algo. Pasa que aunque el más famosos de los viajes de Gulliver sea el de Lilliput, el viajero del tamaño relativo anduvo también por las tierras de Cipango. Desafortunadamente es poco más de una página lo que ocupa el país en toda la historia. En su viaje de regreso desde una isla de nombre raro (Luggnagg) y ciertos habitantes inmortales, pasa por Japón camino a su Inglaterra natal. Para no tener problemas, como en ese entonces Japón estaba cerrado al mundo y solo mantenía contacto con Occidente a través de Dejima, se hace pasar por holandés. En ese entonces, las autoridades japonesas imponían el fumi-e, que consiste en pisar una imagen religiosa para demostrar que no se era cristiano. Trampling over the crucifix, dice Gulliver, quien se hace el leso arguyendo que sólo andaba ahí por casualidad y que tenía una recomendación del rey de Luggnagg. Y eso sería todo. Igual decepcionante, puesto que había visto en el índice que se mencionaba Japón y venía leyendo haciéndome ilusiones. Pero claro, en ese entonces, era bien poco lo que sabía Europa de Japón, y aunque Swift era bien creativo, parece que no quiso incurrir en chamullos.

Pero hay otra cosilla que conecta los viajes de Gulliver con Japón:  Laputa. No, no es lo que piensan. Es el nombre de una isla flotante que visita el viajero en una de sus aventuras.  Resulta que esa es la inspiración para una película de animación del famosísimo Hayao Miyazaki (es tan famoso que incluso yo lo conozco).  Como suele suceder con los éxitos del anime, no la he visto ni por casualidad, así que hasta aquí no más llega la referencia. Me sonaba el nombre, pero ahora que me salió en Gulliver, recién vine a conectar ambos mundos. Habrá que verla entonces un día de estos.

Česky: Laputa z Gulliverových cest, ilustrace

Laputa (Photo credit: Wikipedia)

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Los famosos contadores del japonés

Otro dolor de cabeza para los estudiantes de japonés suelen ser los llamados “contadores” (助数詞, josuushi). A diferencia del español o el inglés, que sólo necesitan la cantidad y el sustantivo que desean contar,  tres vacas, dos libros, three cows, two books; en japonés es necesario usar además un clasificador que indica la forma, característica  u otra cualidad del sustantivo que se cuenta. Por ejemplo, si usamos las mismas vacas y libros, tendríamos:  牛三頭 (ushisantou) 本二冊 (honnisatsu). Literalmente, “vaca 3 cabezas” y “libro 2 volúmenes”.  Todo uso sin contador constituye un error gramatical. Ahora, para variar, la cantidad de contadores es enorme y de solo ver una lista dan ganas de salir corriendo. Por ejemplo,  匹 (hiki) es para animales pequeños, 枚 (mai) para cosas planas como hojas de papel,  羽 (wa) para aves, y así sucesivamente casi ad infinitum. Normalmente, los diccionarios traen un apéndice con listas de contadores para cosas tan variopintas como dioses, máquinas o lo que se nos ocurra.

Ya, pero no es para tanto, porque existe una manera de contar tipo comodín que podemos usar cuando no sabemos el contador que corresponde: el prefijo つ después del numeral. Ej. 1つの看板  (hitotsu no kanban) “un letrero”;  5つの椅子 (itsutsuno isu) “cinco sillas”.  Normalmente esa es la forma a la que nos aferramos para no tener que aprendernos los otros. En realidad, si bien antiguamente la cantidad de contadores era altísima y su uso correcto podía servir como indicador del nivel cultural de una persona, en la actualidad los que realmente se usan cotidianamente son mucho más limitados y el resto queda confinado a los diccionarios o a las obras literarias empingorotadas.

Ahora una anécdota: una vez al pedir una pizza en un combini (sí, guácala, lo reconozco), dije  ”pizza hitotsu onegai shimasu”  (una pizza, por favor) aprovechando el comodín. La vendedora me miró y cortésmente me dijo “pizza ichi mai desuka” que viene a ser una cortés corrección del “contador para cosas planas”, mai . Así que  lo grabé en mi memoria decidido a decirlo correctamente la próxima vez. ¿Qué pasó? que por mucho más “mai” que usé, otra dependienta  va y grita al encargado “pizza hitotsu!”.  O sea, la que usó el comodín fue ella, no por ignorancia, sino que porque sí.

Y lo último: toda esta historia de contadores nos puede parecer de lo más exótica, pero en castellano igual tenemos palabras que cumplen una función parecida:  lonja, tajada, sarta. Ya, no es igual,  ni obligatorio gramaticalmente, ni tan abundante, pero parientes lejanos sí que son. Y si los consideramos así, menos nos contará entender los contadores en japonés.

Aquí les dejo una listita con contadores para que disfruten (en japonés)

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Más curiosidades kanjísticas

Aunque difíciles de aprender, siempre he pensado que los kanjis son una fuente inagotable de sabiduría y abstracción plasmada en una serie de trazos ordenados según una lógica ancestral. «Pero si los chinos escriben con puros palitos», me dijeron el otro día. «Y nosotros también», repliqué yo, ignorando la referencia china, para no entrar a discutir. Porque claro, todo sistema de escritura no pasa de ser un sistema de palitos, rayitas, palotes y puntitos arbitrarios a los que se le asigna un significado por convención. Eso nos lleva al tema de hoy, los 熟字訓 o jukujikun, que aunque de nombre son bien desconocidos, en la práctica todo estudiante de japonés los conoce… y secretamente los maldice un poco, porque caen dentro de las numerosas excepciones famosas que hay que aprender tal cual, sin chistar ni tratar de aplicar principio alguno. Pero bueno, ¿cuáles son entonces?
jukujikun son todos aquellos “jukugos” (palabras compuestas por una combinación de kanjis) a los que se asigna una pronunciación “kun” (o sea, japonesa, en oposición a la “china”) de manera global y que no puede suponerse a partir de la lectura independiente de sus componentes. Uf, mejor veamos los ejemplos para que se entienda.

Jukujikun Pronunciación Pronunciación (hiragana) Significado
大人 otona おとな Adulto
下手 heta へた Torpe, inexperto
海老 ebi えび Langostino
昨日 kinou きのう Ayer
相撲 sumou すもう Sumo (el deporte)

Todos ellos son palabras sencillas que aprende uno seguro durante su primer año estudiando el idioma. Si las miramos bien, vemos que no se pueden descomponer en las lecturas de sus componentes: el 昨 de 日 no se pronuncia /ki/, ni 日 /nou/ en ningún otro caso. Y así sucesivamente.

El lector perspicaz y constante de este rincón de disquisiciones japonesísticas, se habrá dado cuenta ya que los 熟字訓 son como lo opuesto a los 当て字.  Pues eso, otro fenómeno más para las muchas posibilidades que ofrece (por decirlo de manera elegante) el mágico mundo de los kanjis.

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“El origen del sabor”

Ojo, hoy día me voy por las ramas. Hace un par de semanas me encontré con esto mirando unas revistas viejas que compraba mi abuelo:

Propaganda Ajinomoto, 1956, revista Life

Propaganda Ajinomoto, 1956, revista Life

Un anuncio de “Aji no moto“, el más famoso nombre comercial del “glutamato monsódico”. Casi seguro todos uds. lo conocen, y los que no, lo han comido de alguna otra forma sin saberlo como aderezo de comidas preparadas.

Traducible literalmente como “el origen del sabor”, lo menciono aquí simplemente porque me llamó la atención que ya en los años cincuenta llegara este producto y se le promoviera a partir de su origen japonés. Nótese la manera en que se da la dirección para entregar más información: Ajinomoto Co. Inc, Chuo-ku, Tokio, Japón.  Por un lado, es curioso que a diferencia de las direcciones actuales no tenga ni código postal, ni número de manzana ni loteo (chome, banchi y esas cosas). Me imagino que con una dirección así de imprecisa, hoy en día  la carta tardaría su poco en llegar a destino.

Por el otro lado, y aquí sí que hablamos de traducción, es que la dirección está en español. Correcto, podríamos pensar, si el aviso también lo está. Pero yo diría que no. Por lo general, si el objetivo del encargo de traducción pretende un intercambio postal, no sería necesario traducir la dirección. Bastaría con la transcricpción en letras latinas la dirección en japonés o poner la versión en inglés. Ambas opciones asegurarían un envío exitoso. Cualquier otra cosa, lo dudo. Ahora,  tampoco creo que en ese entonces los sres de Ajinomot estuvieran preparados para recibir correspondencia en español. Pero bueno, ese es otro problema.

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Taketombo books, Satori ediciones y Quaterni

Recuerdo que cuando empecé a estudiar japonés a mediados de los años 90, tanto para mí como para mi entorno era todo un mundo desconocido, ultra exótico y distante.  En aquel entonces Internet estaba en pañales y conseguir información sobre la lengua y la cultura podía resultar una odisea. La información de los libros solía estar un tanto desactualizada, plagada de estereotipos o ser un refrito de enciclopedia.  Además, la gran mayoría de las pocas traducciones de literatura nipona presentes en las librerías, eran traducciones indirectas del inglés o francés. Casi veinte años después, (¡oh cómo pasa el tiempo!), poco a poco las cosas han ido cambiando. Más traductores, más estudiantes y más estudiosos abordan los temas japoneses. Por otro lado, el mundo japonés ha comenzado a resultar poco a poco más atractivo para las editoriales, incluso dando paso a la aparición de algunas dedicadas exclusivamente al país del sushi (ya les dije que en los 90 había mucho estereotipo).

Un ejemplo de estas editoriales es Taketombo books, un emprendimiento reciente de María, mi sempai en la Universidad de Tokio hace ya unos añotes. Aparte del nombre, (“libélula de bambú”, que corresponde a esa hélice de juguete que hacíamos volar frotando las manos), una de las gracias de Taketombo es que más que publicar obras japonesas, se centra en la transculturalidad entre España y Japón, a través de autores de ambos países. Un ejemplo de ello es su primer libro editado, Tadaima (típica expresión que se dice al llegar a casa “ya llegué” o “ya vine”, como creo que dicen en México), en el que se reúnen las experiencias transculturales entre España y Japón de 6 autores  jóvenes. De lectura rápida y amena, y precio más que asequible (3.95 EUR, 2 lucas y media en pesos chilenos), me pareció bastante interesante y recomendable para todo interesado en la cultura de nuestros “vecinos” al otro lado del Pacífico. Ahora, leído como uno más que tuvo experiencias similares a las relatadas, uno puede percatarse además de las diferencias de percepción dentro del mundo hispano, o sea, cosas japonesas que chocan a los españoles pero a los latinoamericanos no tanto, por ejemplo. Pero bueno, mejor que lo lean y cada uno saque sus propias conclusiones.

Otras casas editoras del mundillo japo que recientemente he descubierto pero no he tenido aún la oportunidad de explorar mucho son Satori Ediciones, con un tinte más clásico y académico; y Quaterni, aparentemente más dedicada al género chanbara o de capa y espada, o sea, ninjas y samuráis.

Así que muy bien por todos estas empresas que aportan con su granito para el puente cultural entre Niponia y el mundo hispano. A ver cuándo vemos algo parecido en este hemisferio.

 

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Contar palabras (2a parte)

Y seguimos entonces con esto del conteo. La idea era contarles de aplicaciones de pago, como Anycount, que sirven para el conteo en formatos distintos a Word, se pueden usar en varios archivos de forma simultánea y entregan un informe bien bonito, ordenado y detallado que podemos incluir en nuestra cotización. No obstante, gracias al comentario de Pablo Beauvier me enteré de la existencia de un pequeño programilla gratuito, que hace precisamente lo mismo, con la gracia de que incluso distingue entre letras asiáticas y occidentales. Se trata nada más y nada menos que de Count Anything. Hasta donde he podido probar, funciona bastante bien con archivos de Word, Excel, PowerPoint , HTML y PDF, aunque admite otros formatos que no he probado aún. (Tarea para el que quiera hacerlo).

Resultados con Count Anything

Nótese que distinque tipos de caracteres y permite contar archivos de distinto formato al mismo tiempo

La única desventaja que le veo frente a Anycount, es que no se puede configurar lo que queremos que cuente o ignore. Por ejemplo, a veces nos piden traducir una presentación en PowerPoint, pero ignorar las notas del orador que incluyen algunas diapositivas.  Anycount nos da la opción de ignorar las notas. Count Anything, no. Pero a caballo regalado, no le mires la configuración.

Otra cosa con respecto a los archivos de PowerPoint:  Al hacer clic derecho en el archivo e ir a Propiedades > Estadísticas veremos una línea donde figura un número que corresponde a la cantidad de palabras.  A partir de mi experiencia, iba a decir que no conviene fiarse de ese número porque suele ser inferior a la realidad, pero aparentemente a partir de Office 2007 resulta más preciso. Al menos con las pocas pruebas que acabo de hacer. Así que pueden sacar sus propias conclusiones.

¿Y qué pasa con los archivos PDF?

Primero, tenemos que entender que los hay de varios tipos:

  1. Los bien hechos o hechos “como la gente” de manera digital, en la que el texto se puede seleccionar y por lo tanto, contar.
  2. Los “hechos con los pies”, que son en realidad una foto escaneada y por lo tanto, no se pueden contar las palabras de buenas a primeras. En realidad no es que estén mal hechos, sino que dependen de las limitaciones y la no disponibilidad del texto en formato digital.
  3. Los más o menos, que son el resultado del OCR de una imagen. O sea, son una foto, pero se pueden contar, aunque a veces con detalles y letras mal reconocidas.

Entonces, para el primer tipo, podemos usar la herramienta antes mencionada, o esta otra solución un poco más nerd que no requiere otros programas. Para ello, hay que pegar el siguiente código en la consola de JavaScript y ejecutarlo, (para ejecutarlo en Acrobat Reader se selecciona el código y se presiona control y enter al mismo tiempo… según me explican, yo lo probé con otro lector de PDF)

var cnt=0;

for (var p = 0; p < this.numPages; p++)

cnt += getPageNumWords(p);

console.println(“There are ” + cnt + ” words in this doc.”);

Para que les quede más claro, les dejo unas capturas de pantalla que me mandó la personita que me lo enseñó.

paso 1 paso 2 paso 3

Y creo que eso sería lo que iba a contarles. Hay otras herramientas (por ejemplo, Practicount & Invoice) pero no la conozco. Entiendo que presenta más funcionalidades y configurabilidad que podría resultar muy útil.

Ah, otra cosa: Anycount, viene incluido como función dentro del TO3000 del que les hablé en otra ocasión. Si lo compran  a través de este enlace, se supone que me toca comisión. No ha pasado nunca eso sí…o nadie me lee o nadie me cree. :)

Bonus track:

Me preguntaron por Facebook qué hacer en el caso de los hard copy,  pues nos vemos obligados  a contar a mano y perder mucho tiempo. Lamentablemente no es mucho lo que se puede hacer, pero lo que se me ocurre, sería:

1) Escanear a la mejor resolución posible.

2) Aplicar un buen OCR, por ejemplo AbbyFineReader. Si el presupuesto no alcanza para ello, probar con la herramienta que debe venir instalada con el escáner.

3) Al aplicar el OCR, centrarse solo en el texto, ya que eso es lo que estamos contando, por lo tanto, no habría que guardarlo ni como PDF escaneado ni como RTF, bastará solo con el texto sin formato.

4) Contar las palabras con Word o la herramienta de preferencia.

Como el éxito del procedimiento dependerá de la calidad del original, si el original es fax o una fotocopia de fotocopia y un texto todo reventado, saldrá más rápido y sano no contar las palabras. En ese caso, aplicar ojímetro y decirle al cliente que cobras N por x cantidad de palabras, y que calculas que saldrá y veces esa cantidad.  Sorry y gomen, Sole, pero eso es todo lo que se me ocurre.

 

 

 

 

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Contar palabras (1a parte)

Ya, ¿me echaron mucho de menos?

Pasa que la semana pasada estuve muy ocupado (aparte de poco ocurrente), por lo que tuve que dejarlos sin post. Pero no desesperen que ya estoy de vuelta, creo. Esta vez con algo de utilidad pública no necesariamente para los raros del japonés.

Contar las palabras y caracteres de distintos tipos de archivo es fundamental para el traductor, puesto que serán la base de lo que va a cobrar y lo que va a tardar. Entonces, para que no nos quedemos cortos (ni largos), veamos algunas formas de contar palabras con mayor o menor precisión.  Ahora, si el cliente nos sale por teléfono con que «son solamente como 2 páginas», hay que sospechar. Casi seguro que serán muchos miles de palabras y si cotizamos «dos paginitas», estaremos fritos (por lo demás, tampoco es recomendable cotizar sin ver al menos una muestra del texto).

Entonces, ¿cómo contamos las palabras o caracteres?

1. Para documentos en Word:

Es lo más sencillo, porque basta con usar la función incorporada. Pero hay que tener ojo de todas formas:

Si la versión de Word es anterior a 2007, las notas al pie, los cuadros de texto y similares serán olímpicamente ignorados. Lo que puede ser fatal a la hora de cotizar. Afortunadamente, eso ya no pasa desde Word 2007 (¿quién dijo que era malo?). Pero hay que acordarse de marcar la casilla final para que los incluya.

conteo de palabras

Conteo de palabras en español y japonés en Word

Lo bueno es que al diferenciar entre caracteres asiáticos y occidentales, podemos hacer una cotización más exacta. Si un texto japonés, que cobraremos por caracter tiene muchas palabras en romaji, al contarlas por carácter podríamos estar estafando al cliente sin querer.  Por ejemplo, el documento de la foto tiene 30 “palabras”, combinando caracteres japoneses y palabras españolas, pero 108 caracteres en total.

Si tenemos Word 2003, no le creemos a Microsoft o necesitamos una estadística más detallada, podemos usar la herramienta “Complete Wordcount” eso sí una vez que la actualicen, porque está en proceso de renovación.  (Gratis… al menos hasta hace un tiempo).

Otra opción puede ser +Tools, un complemento gratuito para Wordfast. Tiene la ventaja de que permite un conteo en varios archivos a la vez y genera un informe con la estadística total e individual de los archivos:

Ejemplo de conteo con +Tools

Ejemplo de conteo con +Tools

La desventaja es que no diferencia entre los tipos de caracteres japoneses y occidentales, pero bueno, eso nos importa solo a unos pocos. Y si estamos en serio, podemos usar la función de estadísticas de MemoQ, que sí la hace, y aparte, nos muestra la cantidad de segmentos, porcentaje de coincidencias con nuestras memorias, etc. todo lo cual nos servirá a la hora de ponderar la carga de trabajo necesaria.

Estadísticas en MemoQ

Estadísticas en MemoQ

Ahora bien, si usamos todos los métodos antes mencionados en un mismo documento, veremos que suele haber disparidad en los resultados, con MemoQ siendo por lo general el más generoso en los conteos (los ejemplos de las fotos son aleatorios, no es tanta la diferencia, no se me asusten). Eso se debe a que los criterios para considerar qué es una palabra difieren según la herramienta. Para algunas, John’s puede ser sólo 1 palabra y para otros, dos. Por lo tanto, lo importante es ponerse de acuerdo con el cliente en el conteo.

Otro día vemos qué hacer para otros formatos.

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¿Cuál es el kanji con mayor cantidad de trazos?

O ¿cuál es la letra japonesa con más palitos?, por decirlo de forma más pedestre. Seguro que más de alguna vez nos lo hemos preguntado…

Veamos, según este sitio japonés con una especie de FAQ sobre los kanjis, que yo habría bautizado como “Todo lo que siempre quiso saber de los kanjis pero nunca supo a quién preguntar” , dicen que:

  • 鑑 con 23 trazos, que significa “tomar en consideración” y se pronuncia “KAN” y “kangamiru” sería el ganador con 23 trazos.

¿Y qué pasa con engendros como  que también tienen 23 trazos? Pues no pasa nada, porque es uno de esos kanjis ultra difíciles que solo importan a los ratones de biblioteca y probablemente ningún japo se tope con él nunca y por lo tanto, no vale la pena ocupar nuestro RAM para recordarlo. (a propósito, según el diccionario de Jim Breen, significa “plato condimentado con vinagre o miso” y se pronuncia “aemono”.

Ahora si nos ponemos más exigentes,  en realidad hay otros con más rayitas:

  • y   que empatan con la friolera de 30 trazos.  El primero (“hyou”), significa “muchos caballos” —vaya novedad— y el segundo (“ran”), un tipo de pájaro según la página que les comento, y un pájaro mítico, según el diccionario de Jim Breen.

Estas rarezas son también ejemplos de caracteres en total desuso  y que solo las veremos (con suerte) en textos antiguos o si las buscamos exprofeso en procesadores de texto para aprender ideogramas chinos o japoneses,  como wakan. Para el que lo tenga instalado y quiera hacer la prueba basta con poner la cantidad de trazos en el filtro y ¡tate!, tenemos a los dos culpables. Si ponemos 31 o más, veremos que ya no hay candidatos.

Pero eso no es todo…hay otros kanjis que no se pueden escribir en el computador, por lo que los remito al sitio en cuestión (Q0026) para que vean imágenes de esos esperpentos que entran en la categoría mitológica: uno que sería una aglomeración de cuatro dragones 龍 y que significaría “gran número de bocas” (quizás hambrientas como dragones, digo yo), locuaz, charlatán, (lo de las bocas fue un desliz, así que me corrijo) con ¡64! trazos, recogido en un super mega diccionario del kanji, que tiene variantes históricas, rarezas y demases.

Y por último,  plantea que “se dice” que existe un kanji hecho en Japón que consiste de 3 nubes 雲 y 3 dragones  龍 , que con 84 trazos, sería el nombre propio “Taito”, pero que en realidad no se sabe más. Claro, porque seguro que es fantasía, solo hay que imaginarse al pobre niño así castigado escribiendo su nombre o “deletréandolo” en el registro civil…

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La norteamericanización de Japón durante la postguerra

No, no me voy a poner a hablarles de historia. Solo comentarles que ya está disponible mi traducción sobre el tema en el número 51 de Istor, una revista de historia publicada por el CIDE, Centro de investigación y Docencia Económicas de México.  Pueden bajar el PDF desde el enlace o mejor, si están en el país azteca, comprarla para poder leerla sin quemarse las pestañas.

Portada Istor 51

Istor 51

Cuando estás acostumbrado a la traducción de documentos anóminos de uso interno, ver tu traducción publicada da algo de emoción, para qué estamos con cosas.

Y eso no más por hoy, para que no se me cansen leyendo en estas vacaciones australes.

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Siempre hay excepciones

Al aprender japonés hay que tener paciencia y memoria para las múltiples excepciones a las reglas que vamos aprendiendo. Por ejemplo, en lo que respecta a la escritura, una vez que nos parece que tenemos clara la mecánica, nos encontramos con cosas que aparentemente violan todos los principios.

Vamos directo al grano:

Las palabras extranjeras se escriben en katakana

Sí, pero hay casos en que se escriben en kanji, hiragana o combinación de ambos…

  • 天麩羅  天ぷら el ya famoso tenpura…de origen portugués
  • 金平糖  konpeito, del portugués “confeito“, unos dulces bien dulces…y ricos

    English: Kompeito 日本語: こんぺいとう、金平糖

    English: Kompeito 日本語: こんぺいとう、金平糖 (Photo credit: Wikipedia)

  • 襦袢   juban, del portugués gibāo, correspondiente al español jubón, que en japonés es una especie de ropa interior para el kimono (aunque en español es otra cosa)
  • さぼる (aunque a veces se escribe サボる)  que significa “hacer la cimarra, la rabona, irse de novillos, etc.”, según donde estemos, proviene del francés “sabotage”.

Sí,  son casos más bien raros, hay que reconocerlo…pero igual cuentan como excepción. Lo que pasa es que son extranjerismos (conocidos como gairaigo) adoptados hace tanto que no se sienten como tales en japonés.

Ahora bien, tenemos el caso contrario. Palabras de origen cien por ciento japonés que suelen escribirse en katakana. Por eso, dan la impresión de ser extranjerismos, y nuestra primera reacción al encontrarlas será buscar mental e infructuosamente su equivalente en inglés.

  • バラ originalmente 薔薇  rosa
  • ロバ →  驢馬  burro
  • コンロ → 焜炉 horno

En estos casos, lo más probable es que sea la complejidad de los kanjis la que haya motivado la aplicación de la ley del menor esfuerzo, tan presente en las lenguas. Claro, hay que tener mucha paciencia para escribir eso a mano.

Así que eso, como siempre con el japonés, todo depende. Hay más casos de usos especiales del katakana, pero eso se los dejo de tarea a Uds. A ver quién juega.

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